MEDICINA INTEGRATIVA ORIENTAL // Procastinación III

Cada vez que cedemos a la procrastinación (hábito de retrasar tareas importantes, sustituyéndolas por actividades más irrelevantes o placenteras evadiendo responsabilidades y generando culpa, estrés, migraña, ansiedad, entre otras.) y buscamos gratificación instantánea, no solo estamos perdiendo tiempo, estamos literalmente reprogramando nuestro cerebro para hacernos más débiles en el futuro. Un ciclo aparentemente imposible de romper. Cuando procrastinamos, cuando cedemos ante nuestro cerebro primitivo, no solo experimentamos el alivio temporal de evitar la incomodidad, también desencadenamos una cascada de neuroquímicos relacionados con la culpa, la vergüenza y la autocrítica. Nuestra corteza prefrontal, esa parte racional que sabe que acabamos de sabotearnos, activa circuitos de castigo emocional. El cortisol, la hormona del estrés, inunda nuestro sistema. La serotonina asociada con el bienestar disminuye. Nos sentimos como basura y cuando nos sentimos así, cuando estamos sumergidos en vergüenza y autocrítica, ¿qué hace nuestro sistema límbico? Busca alivio inmediato. Busca escapar de ese dolor emocional. ¿Y cuál es la forma más rápida de escapar? Más procrastinación, más distracción, más comportamientos de evitación y consecuentemente más procastinación en el futuro. Es un círculo vicioso, una trampa neurológica perfecta y no porque seamos más débiles, sino porque la vergüenza desactiva la corteza prefrontal y amplifica el poder del sistema límbico. Cada vez que nos llamamos perezosos, cada vez que nos hundimos en la autocrítica destructiva, estamos literalmente fortaleciendo los circuitos neuronales de la procrastinación.Nuestro cerebro primitivo maneja algo letal y devastador en contra nuestro, es el descuento temporal hiperbólico. Nuestro cerebro es terrorífico evaluando recompensas futuras, las rechaza, prefiere las recompensas inmediatas no quiere esperar. Si alguien dice: te doy mil dólares ahora o mil cien en un año, ¿Qué eliges? Seguro elegiremos mil ahora. Pero si dice: te doy mil dólares dentro de 5 años o mil cien dentro de 6 años, elegiremos los mil cien en 6 años. Cuando ambas recompensas están en el futuro, de repente podemos ser racionales, pero cuando una está en el presente, el sistema límbico toma el control y grita, “¡este momento! Dame eso ahora”. Este es el mecanismo neurológico exacto detrás de cada vez que elegimos placer inmediato, tangible, garantizado e inagotable como las redes sociales, videos, series hasta altas horas de la madrugada en vez de trabajar en nuestras metas y proyectos. Los escáneres cerebrales de personas adictas a las redes sociales y demás muestran patrones casi idénticos a los de personas con adicciones severas. La misma desregulación en el centro de recompensas del cerebro, la misma hiperactividad en el circuito de placer, la misma atrofia en la corteza prefrontal. Los beneficios de trabajar en nuestro proyecto están en el futuro nebuloso donde nuestro cerebro primitivo no puede verlos. Nuestro sistema límbico literalmente no puede procesar recompensas futuras. Es ciego al mañana. Solo ve ahora y en el ahora la incomodidad de empezar a trabajar, estudiar, sacrificarse es real y el placer de procrastinar es real. Es inútil pelear contra nuestra biología si no la conocemos. Bastará lógica racional y sentido común para entender que solo conociendo cómo funciona el cerebro y aprendiendo ciertas estrategias cambiarán nuestras vidas.
