75 años de la Fiesta de la Fruta y de las Flores: Tradición en Debate

Columnistas, Opinión

La Fiesta de la Fruta y de las Flores celebró su 75.° aniversario, recordando su origen en 1951 como una respuesta esperanzadora tras el terremoto de 1949 y como rechazo al carnaval violento. A lo largo de las décadas, la celebración se ha consolidado como símbolo de gratitud por la fertilidad de la tierra y del esfuerzo agrícola y artesanal de Ambato.

En 2026, la fiesta mantuvo su esencia. Los carros alegóricos mostraron creatividad y maestría en el uso de frutas y flores naturales, mientras que el desfile principal y la Ronda Nocturnal ofrecieron espectáculos de calidad que combinaron tradición y modernidad. La afluencia turística fue alta y fortaleció la economía local, ratificando a la FFF como el evento más relevante del año para la ciudad.

Sin embargo, esta edición también dejó en evidencia importantes desafíos. Se registraron problemas de movilidad, saturación en puntos estratégicos y escasa información para turistas. Además, faltaron espacios adecuados para prensa, adultos mayores y personas con discapacidad, así como protocolos de seguridad más visibles. Estas falencias subrayan la necesidad de mejorar la organización y priorizar la experiencia del visitante.

La elección de la reina es uno de los eventos más emblemáticos y mediáticos de la Fiesta. Por su naturaleza ceremonial, simbólica y cultural el espectáculo exige un nivel artístico que esté alineado con la importancia histórica del certamen, el prestigio de la ciudad,la expectativa del público, y la imagen que Ambato proyecta hacia el país. No obstante considero que el artista principal del evento no estuvo a la altura,  generando una percepción de desbalance entre la magnitud del evento y la calidad del espectáculo. 

Uno de los temas más debatidos fue el uso excesivo de espumante. Aunque Ambato se caracteriza por un carnaval sin agua, la espuma sintética afectó la estética de la fiesta, generó impactos ambientales y provocó molestias a artistas y delegaciones. Además, proyectó una imagen de desorden que contradice los valores culturales que la ciudad desea difundir. La regulación del espumante no busca restar diversión, sino resguardar el sentido original de la celebración. Es menester sensibilizar en escuelas y colegios sobre la verdadera esencia de la fiesta, generando una cultura de respecto.

Cumplir 75 años no solo implica celebrar, sino reflexionar. Para preservar su identidad, Ambato debe despolitizar la organización, fortalecer la logística, priorizar la participación de los barrios, destacar la gestión de  agricultores y artesanos y mantener vivas sus normas fundacionales. Solo así la Fiesta de la Fruta y de las Flores seguirá siendo un orgullo cultural y no un recuerdo del pasado. Una celebración de gratitud, cultura y flores, no de desorden ni contaminación. (O)

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