Odebrecht y los churos hechos/ Mario Fernando Barona

Columnistas, Opinión



A finales de julio, el procurador general del Estado, Íñigo Salvador, manifestó que si el estado vuelve a contratar con Odebrecht, sería después de haber pagado una indemnización y que la constructora no puede imponer condiciones al Ecuador para la reparación económica. De hecho, en el presente mes de septiembre se tenía previsto la tercera reunión de autoridades ecuatorianas y funcionarios de Odebrecht dentro del proceso que busca establecer un monto de indemnización. En otras palabras, el Ecuador, sea como sea, nunca descartó volver a contratar con la empresa más corrupta y corruptora que se tenga memoria.

Sin embargo, el pasado jueves, el presidente Lenín Moreno anunció al país en cadena nacional que mientras él sea presidente, su gobierno no firmará ningún contrato con la constructora brasileña Odebrecht.

Para comenzar, el anuncio del presidente Moreno llega más de dos años tarde, porque este debió darse apenas salieron a la luz los escandalosos sobornos de la constructora a funcionarios del anterior Régimen. Segundo, seguramente el anuncio lo hace Moreno justo ahora porque la constructora en quiebra ya se quedó sin recursos para pagar ninguna indemnización y, a diferencia de otros siete países que sí negociaron indemnizaciones, Ecuador se quedaría con ‘los churos hechos’.

Pero más allá de eso, es indignante que una constructora extranjera que llegó a abonar y cosechar los ya grandes sembríos de corrupción que imperaban en el país, someta a toda una nación a sus condiciones y exigencias para seguir operando como si nada hubiera ocurrido. No hubo nadie (ni antes ni ahora) que con temple y dignidad les invite a retirarse inmediatamente del Ecuador, más bien todo lo contrario, siempre se les brindó todas las facilidades para que sigan tan campantes.

Hay casos de empresas que lograron salir con decoro de la vindicta pública por corrupción comprobada, como el de la multinacional alemana Siemens, por ejemplo, que supo poner la casa en orden y ahora es una empresa respetada y muy confiable. Odebrecht, como señala la periodista Patricia Estupiñán, debió cumplir al menos tres requisitos básicos para hacer lo mismo: solidez financiera, arrepentimiento creíble y un sacudón estructural; Odebrecht no contó con ninguno de ellos, quería salir avante con el único recurso que siempre manejó: comprando conciencias, y tanto Correa como Moreno se prestaron a ello.

No se puede ser honesto defendiendo a corruptos, no se puede exigir transparencia si nos juntamos con delincuentes, no se puede ser creíble y confiable si a la vez se aúpa a tramposos. Es solo sentido común. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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