¿Y mi celular?

Columnistas, Opinión

El drama se comenta: —¿Qué te pasa? Te noto bajoneado.
—Es que no sé dónde está mi celular. A lo mejor me lo olvidé en casa, lo perdí en el bus o ¡me lo robaron! —¿Quieres que te llame? —Ya lo hicimos y solo suena y suena, pero no está apagado.

El día pasa mal, sin productividad efectiva; la mente en el celular y el contexto no existe. Un día pésimo. Cuando una persona olvida, pierde o le roban el celular, sufre situaciones de impacto psicológico y operativo que, quiéralo o no, afectan su bienestar emocional y su seguridad digital. Debido a la fuerte dependencia digital, se suele experimentar ansiedad, sensación de vulnerabilidad, dificultad para concentrarse y una desconexión inconsciente con el entorno. La tensión mental hace que la persona pase por alto situaciones cotidianas y relegue todo a una sola situación: sentir el celular en sus manos. Es tal el apego que muchos cometen phubbing (en español, ningufoneo): el acto de ignorar a la persona que tenemos enfrente por estar prestando atención al teléfono celular.

Este miedo irracional de estar sin el celular, conocido como nomofobia es la angustia o la ansiedad extrema que siente una persona cuando no puede usar su teléfono móvil, se queda sin batería, pierde la señal o se encuentra incomunicada. A menudo suele estar relacionada al FOMO (Fear of Missing Out) (Dan German. 2000) o miedo tendencial a perderse algo importante en el entorno digital. Nicola Bragazzi y Giovanni Del Puente (2014) médicos investigadores de la Universidad de Génova, fueron los pioneros en analizar la nomofobia desde una perspectiva médico-psicológica, definiéndola formalmente como una patología y dependencia conductual moderna que comienza con una sensación de vacío, inquietud o la percepción de que falta una parte de uno mismo.

Para el mundo digital, el conocimiento ya no está dentro de la mente de las personas, sino en la comunicación, las conexiones y la relación constante con el ciberespacio. De ahí que perderse de algo o no comunicarse diera lugar a la cita de Wayne Johnson: “Las redes sociales no son el futuro, son el presente, y si no estás en ellas, es como si no estuvieras en este planeta». El celular es considerado fundamental en la vida diaria porque funciona como un centro multifuncional de comunicación, guarda información sensible, se relaciona con el trabajo y sirve como entretenimiento en tiempo real.

Sin embargo, hay personas que sienten efectos positivos inesperados al no tener el dispositivo. Algunas experimentan una reducción del estrés diario y una mayor capacidad de atención hacia el entorno real. Es una reacción inconsciente para poner límites a la hiperconectividad y priorizar el momento presente para lograr un enfoque más profundo. Al eliminar las distracciones de las redes sociales y las notificaciones personales, muchos profesionales elevan su productividad en tareas que requieren concentración, e inclusive una mejor socialización e interacción cara a cara con los compañeros de trabajo.

Sin ser un remedio mágico, restringir el uso del celular solo le corresponde a la persona adulta por salud mental y en momentos o espacios propicios; en cuanto a los niños, es deber de los padres su control. (O)

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