¿Y los pobres?

Columnistas, Opinión


Hay frases repetidas en toda la vida que pretenden convertirse axiomas. La primera pertenece al campo político: «Los pueblos tienen el gobierno que se merecen.» Refuto esa afirmación poniéndola al revés: «Los gobiernos tienen el pueblo que se merecen.» ¿Quién ubica a fulano o, a mengano en el gobierno? El voto del pueblo. Sin embargo, el pueblo no candidatiza a fulano o, a mengano. Cabe aquí un ecuatorianismo, al pueblo le ‘dan candidatizando’ a fulano o, a mengano los partidos políticos. Entonces, ¿quién tiene la culpa de los malos gobiernos y de malos funcionarios designados por elección?

La segunda frase involucra a la economía: «No hay que esperar todo de papá Estado.» Veamos lo contrario: «El Estado no debe esperar todo de papá pueblo.» ¿Quién llena de dinero la bolsa del presupuesto?, ¿el Estado?, NO. La sociedad rebosa de billetes el presupuesto nacional mediante el pago de impuestos.

La función específica del presupuesto es recibir los ingresos que le ‘da’ la sociedad al gobierno para administrarlos. De manera que cuando un gobierno dice: «Doy cinco mil dólares para la construcción de una cancha de vóley en Canuto,» el gobierno no ‘da’ el dinero, administra el dinero que todos los ecuatorianos le «damos» al Estado.

El presupuesto tiene relación directa con el bienestar o malestar de la gente. Por eso es que el Estado -un gobierno inteligente- debe establecer prioridad de gastos, mantener los equilibrios económicos del Estado: inflación baja que evita que suban los precios, otorga poder a la moneda, sostiene el poder adquisitivo de los salarios. En resumen, el presupuesto debe distribuir equitativamente los ingresos para que los pobres sean menos pobres; para que los servicios de salud, educación y vivienda sean más humanos. El presupuesto traduce la ideología de un gobierno porque es el principal instrumento de su política económica.

La pregunta del millón es inevitable, ¿en qué medida un modelo de economía, reflejado en la gestión del presupuesto, es o no viable o, en qué medida va a contribuir al bienestar real del pueblo? Mientras el presupuesto siga asignando toneladas de dinero a organismos del Estado para que, a espaladas del pueblo, se suban con pala mecánica, sueldos, salarios, comisiones, viáticos, estadías, representaciones, viajes, extras, y un montón de ‘inventos’ adicionales, a ‘voluntad’, bajo cualquier pretexto ‘legal’; el Estado será un pésimo administrador de la economía. Seguiremos viviendo bajo el dominio de la corrupción.

¿Y los pobres?… A buscar que comer en España.

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