Un cuento sufí sobre la opinión ajena / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión

Una de las formas más claras y didácticas para explicar cosas importantes en la vida, son los cuentos y por ello traemos a colación un breve relato sufí sobre el efecto de la opinión ajena:

Un viejo y un joven viajaban con un asno. Al llegar a la aldea caminando junto al animal, los niños de la escuela rieron al verlos pasar diciendo: Mira a esos tontos, tienen un asno robusto y van caminando, por lo menos el viejo podría montarse en él.

Al escuchar a los niños, los hombres pensaron que deberían seguir el consejo, pues pronto llegarían a otra población y la gente se volvería a reír de ellos. Así pues, el viejo se montó en el burro y el joven caminó detrás.

Entonces encontraron a un grupo de gente que los miró y dijo: ¡Mirad! ¡El hombre viejo montado en el burro y el pobre muchacho, caminando! Así que cambiaron puestos, el hombre viejo caminó y el joven montó en el burro. Entonces otro grupo de gente se acercó y dijo: ¡Mira que muchacho más arrogante! quizás el viejo es su padre o su maestro, y va caminando mientras el joven va montando en el burro. ¡Esto es contrario a toda norma!

¿Ahora que podían hacer? Ambos decidieron probar la única posibilidad restante: Sentarse los dos en el burro. Así que montaron ambos en él.

Entonces otro grupo se acercó y dijo: ¡Mirad que gente tan violenta! el pobre burro está casi muerto, mejor sería que lo cargaran ellos en sus hombros.

Así que otra vez lo discutieron y decidieron llevar al burro en hombros, pues de otra manera la gente de la aldea vecina los llamaría tontos.

Por lo tanto, cortaron un bambú colgaron al burro de las patas y lo cargaron. El pobre animal trató de rebelarse y trató de escapar, pero los dos hombres estaban empeñados y lo forzaron, así que el burro se doblegó.

Precisamente cruzaron el puente para llegar a la aldea cuando una multitud se reunió en derredor suyo y exclamó: ¡Mirad a esos tontos! jamás existieron idiotas semejantes, en vez de montar el burro lo llevan a cuestas. ¡se habrán vuelto locos.?

El burro mientras tanto se puso inquieto, tan inquieto que saltó y se cayó desde el puente al rio, matándose enseguida. Ambos bajaron al río y junto al animal muerto el hombre viejo habló al muchacho, pues esta no es una historia ordinaria: el viejo era un maestro Sufí, un iluminado, y el joven, su discípulo.

Así que ésta fue una situación creada para el muchacho. Ahora el viejo dijo:

«Mira, así como el burro, tu estarás muerto si escuchas demasiado la opinión de los demás. No te preocupes de los demás. Si continúas escuchando a otros y no a ti, serás llevado de un lado para otro. Escucha tu voz interior y la de tu maestro, siéntelas y muévete de acuerdo con ellas.» (O)

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