Tungurahua a recuperar el piano

Los pueblos dan a los objetos significados, así funciona la cultura, en el movimiento productivo de los seres humanos se acuñan hábitos, experiencias y significados, los que se expresan en elementos fácticos, tangibles, como construcciones, calles, edificaciones, ropajes, utilería y claro piezas artísticas como temas musicales, instrumentos, libros, piezas de teatro, entre muchas otras.
Esta semana se ha puesto en alerta un asunto que la cotidianeidad de las ocupaciones económicas y particulares de los tungurahuenses ha impedido detenerse en la reflexión sobre el asunto.
Resulta que la Casa de la Cultura de Tungurahua habría recibido hace algunas décadas un piano de pared, maderado, de cuerdas verticales y pedales, es el segundo que dispone esta institución pues el otro reposa en el salón Jorge Enrique Adoum y es de cola regularmente mantenido y afinado. ¿pero que pasa con el piano de pared, madera y antiguo?
Pues hace tres administraciones la última presidencia provincial de esta “casa de todos” habría entregado a dedo parte de la planta baja de este edificio a una persona para talleres particulares de pintura, dos administraciones posteriores a esa misma familia se le habría dado mas de la mitad de toda la planta baja de este edificio público, lo que se suma a una parte de los espacios entregado a la esposa de un funcionario de la propia Casa de la Cultura, es decir la planta baja mas del 80% esta en manos privadas y no generan remuneración a la institución que es una de las mas necesitadas con mayor demanda de servicios. Esta semana, la actual directora anunció públicamente una rueda de prensa para la recuperación del piano y ponerla a disposición de la niñez que tiene necesidades en estas vacaciones, pero, el propio día los privados han emitido un oficio impidiendo la gestión administrativa.
Así entonces como la historia de San Biritute que se la llevaron de la comunidad de Sacachún provocando una época de infertilidad en el pueblo.
Alrededor del Parque Juan Montalvo, la marcha de transeúntes, turistas y tungurahuenses cobijados día a día por las edificaciones públicas, el día a día marcha ignorando que entro de uno de sus edificios el de la Casa de la Cultura tiene un área publica sometida a privados con piano histórico y todo.
La ambateñidad requiere su recuperación y dejar salir la armonía musical social y cultural entre niños y adultos, artistas y gestores culturales que se preguntan ¿por qué los convenios a una familia si la casa es de todos? (O)
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