Testimonio anticipado / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión


Las investigaciones más recientes y los propios testimonios anticipados de Pamela Martínez y Laura Terán dan cuenta de la institucionalización de un sistema de corrupción profesional en el país durante la presidencia de Correa. 

La primera en testimoniar fue Laura Terán ex asistente de la Presidencia de la República. La jueza Daniella Camacho, ordenó su comparecencia el domingo 1 de septiembre. La Fiscalía encontró en su computadora personal archivos con información sobre la entrega de dinero en efectivo y cruces de facturas que sirvieron para pagar eventos del Gobierno y de Alianza PAIS.

Tres días después, en idénticas condiciones, Pamela Martínez fue trasladada para realizar la misma diligencia. La ex jueza de la Corte Constitucional apareció en público pidiendo disculpas e insistiendo que fue “utilizada para recibir y entregar dineros”. En otras circunstancias, reconocer su error habría sido loable, sin embargo, este arrepentimiento resulta extemporáneo. 

Las dos funcionarias aparecieron juntas desde el 2008, cuando Álvaro Dahik, ex subsecretario de la Demarcación Hidrográfica del Guayas (SENAGUA), refirió el nombre de Terán a Martínez, mientras desempeñaba el cargo de asesora jurídica de Correa. El año 2015 en el concurso de renovación de la Corte Constitucional, Martínez alcanzó el puntaje perfecto (100/100), en un concurso lleno de cuestionamientos. 

Las declaraciones de las mujeres más famosas del momento no dejan de llamar la atención a la opinión pública. En el caso de ser ciertas sus revelaciones, el gobierno anterior habría puesto en marcha un sistema de corrupción para asegurar su permanencia en el poder. 

Sin embargo, estos testimonios también generan sospechas. Terán pidió papel y lápiz para dibujar un esquema donde explicó la forma como se captaba los recursos. En este mapa conceptual de la corrupción los personajes son muy conocidos. La verdad, no hubo mayores sorpresas. Mientras tanto, Martínez dijo que sus cuadernos fueron forjados apenas en el 2018, por “impulsos personales”. El primero, durante un vuelo entre Quito y Guayaquil y el segundo mientras realizaba limpieza en su casa. 

La validez y utilidad de las dos diligencias se conocerá a medida que avance el proceso. Los abogados de Terán y Martínez aseguran que no habrá lealtades y que aún no han dicho todo. Ojalá el peso de la justicia no caiga solamente para los mandos medios, sino también para los peces gordos. 

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