Serie sobre la corrupción: ¿Por qué hay corrupción / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión



Para comprender de mejor manera ¿por qué hay corrupción? convendría hacer un símil con lo que ocurre de manera natural con un organismo que perece, lo cual provoca que sus partes se separen hasta llegar a la desintegración y putrefacción. Eso mismo está ocurriendo con el cuerpo social, que está en su plena descomposición, generando así un entorno favorable para la corrupción, donde sus actores aprovechan la mínima oportunidad para hacer de las suyas.

No es un algo nuevo en la historia de la humanidad, pues muchas civilizaciones, culturas y pueblos en general entraron en estos largos y penosos procesos de descomposición social, causados por su propia degradación moral.

En todo caso, si algo novedoso podemos encontrar hoy es la rapidez con la que se difunde cualquier tipo de estas acciones, debido a que los medios de comunicación y las redes sociales están prestos a reproducir las últimas novedades, muchas veces incluso sin la debida verificación.

¿Qué lleva a la gente a corromperse?, las respuestas son muchas y variadas por lo que convendría señalar algunas de las que la filósofa Delia Steinberg G. destaca en sus artículos sobre este tema, indicando que esto ocurre en la actualidad:

“Porque se aplica constantemente aquello de que ‘los fines justifican los medios’ y porque tampoco es seguro que existan unos fines definidos, por cuanto aquellos que se esgrimen se contradicen constantemente.

Porque todo se compra y se vende, lo cual sería lógico en una sociedad de consumo como la nuestra, pero lo triste es que también las personas, con sus conciencias morales incluidas, tienen un precio en ese mercado.

Porque existen infinidad de fórmulas de chantaje que obligan a aceptar lo que de otra forma nunca se hubiera admitido. Y no hace falta cargar con una mancha ignominiosa o algún pecadillo oculto para ser chantajeado: basta con tener una familia, un ser querido, una profesión o alguna aspiración para que algo o alguien pueda aplicar la debida presión poniendo en peligro aquello que se ama.

Porque gustan más las cosas sucias y escandalosas que los hechos sencillos y normales. Porque es difícil -si no imposible- definir la ‘normalidad’. Porque todo debe tener un matiz oscuro y denigrante para asumir valor.

Porque a nadie parece interesarle más que lo inmediato y palpable, el goce del momento, el beneficio personal, la riqueza desmesurada y el poder para seguir adquiriendo riquezas.

Porque, en fin, no aparecen metas ni principios válidos por ninguna parte, y el que los posee queda sepultado por la ola de corrupción que arrasa y embarra cuanto toca”.

No cabe duda de que existe más corrupción en el mundo de lo que se muestra en los medios y la mayoría permanece oculta por lo que es difícil llegar a sus raíces, aún más cuando se alía con el poder político, el cual ha aprendido a cuidar las apariencias mediante fórmulas que simulan honorabilidad ante lo que no es honorable. (O)

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