SERIE LOS VALORES HUMANOS: LA CONFIANZA / Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión

Entre los valores humanos que sin duda más apreciamos en los diferentes ámbitos de la sociedad, está la confianza.

Esta cualidad es fundamental en las instituciones educativas pues los alumnos deben confiar en sus maestros y sus enseñanzas, también en los trabajos y negocios pues no es posible desarrollar acciones conjuntas si de por medio no existe cierto grado de confianza entre los involucrados.

De igual modo, este valor humano es indispensable para toda actividad de los medios empresariales o comerciales, pues su base está en dar crédito a las palabras y respetar acuerdos a los que se llegan en estos espacios. En el ambiente artístico o en el académico, la confianza entre unos y otros es fundamental para que las cosas fluyan como es debido.

Esta cualidad es la que nos ayuda a seguir adelante con nuestros propósitos pese a los reveses, al desánimo o dificultades del momento, pues debemos confiar en nuestras propias capacidades para avanzar en la vida; caso contrario nos encontraremos ante la duda y la falta de certeza en nuestro actuar.

En este sentido, requiere de la convicción interna sobre nuestras propias capacidades, pues sólo valiéndonos de aquellas fortalezas y virtudes que poseemos, podremos lograr lo que nos propongamos.

Esa autoconfianza es algo que se construye y desarrolla con base en las experiencias acumuladas por cada persona durante su existencia. Además, es algo que necesita cultivarse en uno mismo a lo largo del tiempo.

La esperanza y la fe son formas de confianza, puesto que a través de ellas sentimos que algo sucederá conforme lo imaginamos, o que alguien se comporte y actúe de acuerdo con lo esperado.

De ahí que estas cualidades nos permiten formular una hipótesis sobre la conducta futura o consecuencias de algo que no depende de nosotros. Por ello, su hermana confianza borra toda incertidumbre.

En la medida de que los acontecimientos se desarrollen como lo esperábamos, nuestra confianza se fortalecerá, así como si aquellos no van en tal dirección nuestra confianza se verá debilitada.

Este importante valor humano, se lo ha visto especialmente en estos tiempos en los cuales resulta cada vez más difícil encontrar personas verdaderamente confiables y, en su lugar han ido creciendo la duda e incertidumbre.  

Esto ha creado un mundo inseguro porque cada vez menos es posible confiar en los otros y en lo otro. Ante ello sólo tenemos dos caminos el de la desconfianza en todo o en la confianza en uno mismo tanto como en la capacidad de la humanidad de aprender a vivir en paz y armonía entre todos.

Para ello hará falta abrir nuestro corazón, pero también serenar nuestra mente, para no equivocarnos, recordando aquellas enseñanzas de Jorge Ángel Livraga cuando nos dice que “las cosas son ciertas, cuando están de acuerdo con la cabeza y el corazón.”

Estamos pues ante un pensamiento positivo que nos permite seguir hacia adelante, pero también un sentimiento profundo que surge desde nuestro corazón.

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