Ser o tener

Columnistas, Opinión

Ya sabemos que las personas valemos por lo que somos, no por lo que tenemos, sin embargo, muchas se empeñan en destacar o aparentar tener más que ser más: “Tengo más dinero y soy más que…” “Me visto de marca y me veo más cool que…” “Manejo un carro de lujo y soy más importante que…”, etc.

En estos casos no nos queda más que rogar porque maduren lo antes posible y sigan el ejemplo de verdaderos maestros de la visión, la humildad y el servicio. Uno de ellos es Warren Buffett, a quien dedico esta columna, y que a sus 96 años de edad, el pasado 1 de enero cedió la administración CEO de su imperio inversor.

Buffett, empresario, inversionista, magnate y filántropo estadounidense fue el hombre más rico del mundo en el 2008 y una fortuna actual estimada en más de 133 mil millones de dólares, la cual, anunció, será donada en su 99% a fundaciones de carácter social, humanitario y de investigación médica. Evidentemente, para él vale más ser que tener.

De joven comenzó vendiendo periódicos en la calle. Hasta bien grande, fue extremadamente tímido y completamente inhabilitado para hablar en público. Tuvo momentos difíciles sobre todo en su vida matrimonial con su primera esposa de la que se separó y cayó en una profunda depresión. Contrario a lo que se podría suponer, una a una, Warren superó todas sus derrotas hasta llegar a ser uno de los cien personajes más influyentes del mundo.

Hace unos días, en su mensaje de despedida como CEO, Warren Buffett dio un discurso que seguramente se mantendrá en las mentes y corazones de varias generaciones. A continuación, comparto solo un extracto: “Me alegra decir que me siento mejor con la segunda mitad de mi vida que con la primera. Mi consejo: no te castigues por los errores del pasado, aprende al menos un poco de ellos y sigue adelante. Nunca es demasiado tarde para mejorar. Busca a los héroes adecuados y cópialos. Recuerda a Alfred Nobel, más tarde famoso por el Premio Nobel, quien, según se dice, leyó su propio obituario, que se imprimió por error cuando murió su hermano y un periódico se confundió. Se horrorizó por lo que leyó y se dio cuenta de que debía cambiar su comportamiento. No cuentes con un error de imprenta: decide lo que te gustaría que dijera tu obituario y vive la vida que te lo haga merecer. La grandeza no se consigue acumulando dinero, fama o gran poder de influencia en el gobierno. Cuando ayudas a alguien de cualquiera de las miles de formas posibles, ayudas al mundo. La bondad no cuesta nada, pero tampoco tiene precio.”

Al final, querido lector, el mundo no priorizará su cuenta bancaria, priorizará su corazón. No espere a un error de imprenta para empezar a escribir una vida en la que ser valga más que tener.  (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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