Seguridad y Soberanía / Editorial
La justicia ecuatoriana dispuso en días recientes la liberación de decenas de pescadores cuyas embarcaciones fueron interceptadas y destruidas en el Pacífico, en el marco de las operaciones conjuntas contra el narcotráfico entre Ecuador y Estados Unidos. Los jueces determinaron que no existían indicios suficientes para vincularlos con actividades ilícitas, por lo que recuperaron su libertad. El hecho reabre el debate sobre cómo combatir eficazmente al crimen organizado sin que ciudadanos honrados, que se ganan la vida en el mar, resulten perjudicados.
Estos operativos se enmarcan en una etapa de estrecha cooperación con los Estados Unidos, evidenciada en la reciente visita a Quito del secretario de Estado Marco Rubio, quien calificó al Ecuador como el mejor aliado de Washington en la región para enfrentar la amenaza criminal transnacional. La alianza ha traído nuevos recursos, equipos y apoyo en inteligencia, herramientas valiosas en la lucha contra unas mafias que durante años han desangrado al país. Respaldamos esta cooperación, pero insistimos en que debe ejercerse con rigor, verificando la información para que las acciones recaigan sobre los verdaderos delincuentes y no sobre inocentes.
En medio de este panorama, Ambato sigue siendo una ciudad donde se respira relativa tranquilidad. A diferencia de las zonas costeras golpeadas por la violencia del narcotráfico, nuestra ciudad mantiene índices de seguridad que nos permiten vivir con mayor calma, aunque no debemos confiarnos ni bajar la guardia. La seguridad es una construcción permanente que exige el esfuerzo conjunto de autoridades y ciudadanía. Esperamos que la cooperación internacional dé frutos contundentes contra las mafias y que ciudades como Ambato conserven esa paz que tanto valoramos y que debemos cuidar entre todos. (O)
