Salón de la Ciudad de Baños “Julio Pazos Barrera”. 2022 / Pedro Reino Garcés

Columnistas, Opinión

Entre una serie de razonamientos que se los puede llamar considerandos, según el esquema burocrático, este 22 de julio se desarrolló un acto encabezado por el GAD de Baños de Agua Santa y la Casa de la Cultura Núcleo de Baños, en el cual se rindió el homenaje en vida y en presencia del poeta Julio Pazos.

Resultó un dato insólito el rememorar que el referido Salón rodeado de paredones de piedra en el que estábamos, era nada menos que uno de los espacios de la antigua iglesia de piedra que no acababa de derrocarse “por falta de presupuesto”.  El gobierno debía destinar para que el Ilustre Municipio cumpliera su tarea, en la administración de don Abelardo Balseca,  12 millones de sucres para “la obra”.  Según opinión de la época de la Democracia Popular llegaba a Baños el Ministro Raúl Vallejo y en palabras de Julio Pazos, había preguntado “¿Qué es lo que hay ahí en esas piedras” que habían sido observadas desde los patios de la municipalidad. Según Luis Guevara, actual presidente de la CCE de Baños, por haber sido informado por una concejal, había buscado el apoyo moral de Julio para tratar de impedir la decisión municipal. Lo que me valió una amonestada –dijo-. Entonces Julio comentó en este evento, que le comunicó que quieren atentar contra el patrimonio, puesto que lo que no había tumbado el terremoto, debía ser quitado para convertirlo en cochera municipal.   El Ministro visitante había dicho que quedaba prohibido tocar esas piedras hasta mejorar el presupuesto para una restauración. Julio Pazos expuso que hubo de tramitar en Quito todo un proceso hasta que la obra se hizo en la administración de Rafael Correa, después de un par de décadas.

Nos resultaba mágico estar ahí, con un público repleto de invitados de la cultura para oír lo que pudo haber pasado, como pasó con la iglesia Matriz de Ambato, y la de Píllaro, que fueron tumbadas a dinamitazos por esas “mentes lúcidas” que llegan democráticamente al poder. A la vuelta de la historia, ahora el “templo de la cultura” bañuna se llama Julio Pazos Barrera. 

Sin embargo, mientras voy apuntando estos datos, me asusta que no sean respetados en su permanencia, porque entre nosotros, todo puede pasar. Pienso por ejemplo que en Ambato se hizo con un sentido de homenaje a Victoria Tobar Fierro, un mural al ingreso al edificio de la Casa de la Cultura, para destacar su aporte como ícono de la literatura y el pensamiento crítico que proyectó desde su personalidad. Fue en la administración de Fernando Cerón. Pero vino la actual administración de Emilia Alvarado Sevilla, Gerardo Nicola y otros y la pusieron a la Toya en una trastienda, a vista y paciencia de todos los ambateños, ofendiendo en vida a la homenajeada, a su compañera y a quien hizo la obra. Lo propio hizo con la denominación del Salón de Artes Plásticas que tenía el nombre de “Aníbal Villacís” hasta que vino el autoritarismo personalista de la Directora Alvarado Sevilla y cambió la denominación a “Franklin Balletros”, según fuentes del directorio del Núcleo, sin haber tenido conocimiento ni haber tratado en sesión alguna. Lo que a mi entender resulta invalidable.

Todo puede pasar en esta viña del Señor, en tiempos de paradojas. Desde mi condición de humano cronista, quiero pensar en que los reconocimientos que por méritos y por justicia tienen una resolución, no deben ser alterados por los caprichos políticos y los acomodos a dejarnos desacomodados y engañados a la posteridad. Haber recibido respaldo de la crítica pensante es una cosa diferente a ser influenciados con el adulo y la apología a ídolos de barro. 

Baños con Julio Pazos tiene un referente que enorgullece al país por méritos nacionales e internacionales. Ojalá que las piedras respalden lo que vale que quede como legado de la memoria, que es donde más seguros nos quedamos cuando se ha trabajado en función del género humano.

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