¿Qué somos los humanos?

Columnistas, Opinión

En mi última columna titulada El fin de mundo ha comenzado, describí el cuadro apocalíptico que estaría a punto de vivir el planeta Tierra a manos de la Inteligencia Artificial (IA) que, a decir de muchos entendidos, en los próximos meses acabaría con la humanidad entera.

En dicho artículo terminé señalando que en lo personal veo muchísimo más probable y cercano que el planeta se vaya al carajo a manos de los terroristas islámicos antes que con la IA.

En todo caso, este preámbulo me da pie para analizar lo que realmente nos convoca en esta ocasión, y que, como tiene que ver con la posible extinción del ser humano en la Tierra, le invito a imaginar ¿cómo es que moriríamos a manos de la IA? Y le respondo en dos escenarios. Primero: la IA toma el control y nos destruye, punto; posibilidad triste, pero simple y aburrida. Segundo: el transhumanismo, que nos fusiona con la tecnología hasta convertirnos en algo que ya no podemos llamar “ser humano”; esta posibilidad da miedo, pero ya está ocurriendo y va a seguir haciéndolo hasta límites insospechados. 

Como quiera que sea -y aquí lo crucial- sería conveniente saber ¿qué mismo es lo que van a destruir? O sea, ¿qué es el ser humano en esencia? ¿Es cuerpo (vísceras, músculo y esqueleto)?, ¿Es ese ser bípedo, pensante, con capacidad de razonar y sentir? O tal vez ¿Es algo más que no vemos, pero nos identifica plena e inconfundiblemente como humanos?

Si se le ocurrió algo místico que tenga que ver con la verdad interior, como: “soy lo que pienso” o “soy mis pensamientos” no está mal, es más, hasta Descartes ya lo dijo: “pienso, luego existo”. Pero no; el pensar (o razonar, como quiera verlo) no nos hace humanos, ¿sabe por qué? porque ahora las máquinas piensan muchísimo mejor que nosotros, y si ellas nos superan en lo que suponemos es nuestra esencia, entonces, por lógica (y hasta por dignidad) no deberíamos ser eso. Entonces ¿qué soy?

La respuesta está en los antiguos sutras, en las milenarias escrituras védicas y en la rica sabiduría oriental que señala: Somos el pensamiento que piensa al pensamiento. Somos el observador, el testigo, el ojo que todo lo ve. Somos consciencia pura que piensa. O, como dice Saint Germain: “Yo soy el Yo soy”. Y eso, amigo mío, es invulnerable, inalterable, inmanente e indestructible. 

Las máquinas podrán llegar a ser lo más inteligente que exista en el Universo, pero nunca sabrán lo que es ser Hijos de Dios, ni entenderán lo que significa el aliento de vida y tampoco vivirán el gozo infinito de la bondad, la gratitud, la felicidad, el amor y la paz.

Y esto no lo digo a manera de consuelo frente a un potencial desastre, lo digo porque quizás la IA habría llegado precisamente para obligarnos a despertar y descubrir que aquello que nos hace únicos y profundamente humanos es la consciencia. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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