Prioridades / Edison Narváez Z.

Columnistas, Opinión

En 1896, el Economista Wilfredo Pareto formuló un principio (Relación 20-80), al observar que el 20% de los italianos poseían el 80% de la riqueza de su país.

Pareto se refirió únicamente a la riqueza, sin extender el fenómeno de una forma general, sin embargo, varios autores han acogido su teoría, y lo han aplicado a otros campos como la Administración y la Mercadotecnia como una herramienta de gran efectividad dentro de la empresa.

Amigos lectores, se han fijado que ¿Aproximadamente el 80% de los goles de su equipo favorito los marca, aproximadamente el 20% de sus jugadores? – o se ha fijado que en su empresa, también ¿el 80% de las facturas corresponde al 20%, aproximadamente de sus clientes? – o se ha dado cuenta que ¿el 20% de las causas originan el 80% de lo problemas?

Este fenómeno, según el cual, en una determinada población estadística, un número relativamente pequeño (20%) de elementos de la población contribuye a la mayor parte (80%) del efecto total, se denomina Ley de Pareto.

El análisis de Pareto es un método muy sencillo y de gran utilidad en el mundo empresarial, básicamente para determinar que problemas deben tener una mayor atención, por ejemplo ésta ley destruye el mito en la administración de clientes de que “Todos los clientes son iguales”, y revela que, si bien es importante la diversificación de la cartera, es de suma importancia darles mayor atención a los clientes “estrella” que tiene la empresa.

Una eficiente utilización de esta ley se lleva a cabo a través del establecimiento de prioridades, por ejemplo, dentro de la planificación del trabajo diario, Edwin Bliss aconseja priorizar las actividades del uno al diez, con la confianza de que habiendo resuelto las dos primeras, ya tendrá el 80% aproximadamente de los resultados.

Un caso interesante de aplicación de ésta ley 20-80 es la del consejero del ex presidente de Estados Unidos F.D. Roosevelt, Larry Hopkins; éste señor debido a una enfermedad cardíaca, sólo podía trabajar dos horas diarias, por lo que necesitaba una muy rigurosa selección de actividades (prioridades), que le permitiera ser efectivo con solo una dedicación laboral de un 20% del tiempo habitual. Pues bien, su dedicación fue exitosa que el primer ministro inglés Winston Churchill lo nombró el norteamericano más eficiente que había conocido, denominándolo “Lord de los Asuntos Esenciales”.

Si el problema de establecimiento de Prioridades correctas en todos los ámbitos de la empresa presenta un dolor de cabeza para los gerentes actuales; entonces es importante aprender a diferenciar lo esencial de lo trivial, y de esa manera estar en condiciones de poner mayor énfasis, control y dedicación a lo esencial

En materia empresarial el buen ejecutivo no es aquel que llega mas temprano, ni el que mas tarde abandona su sitio de trabajo…El buen ejecutivo es el que aparentemente trabaja menos, y cuya labor solo se aprecia en el resultado final; adicionalmente, el buen ejecutivo es aquel cuyo trabajo “no se nota”, cuya labor parece fácil a los ojos de los incompetentes, y cuando ellos quieren hacerla, se dan cuenta de que no pueden. (O)

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