¿Por qué? / Klever Silva Zaldumbide

Columnistas, Opinión

En tiempos de guerra, en tiempos de paz, de calamidades, de desastres naturales, de pandemias, de caos sociales provocados por guerrilleros urbanos utilizando a falsos lideres que manipulan, bajo amenaza, a sus amedrentados grupos o comprándolos con gigantescos y obscuros presupuestos destinados a generar conmoción, destrucción y violencia inimaginables, todo el mundo experimentamos dolor y sufrimiento.

Mientras por un lado hay abominables seres que, amputadas la conciencia, no experimentan dolor ni sufrimiento por todo lo que provocan en función de sus ambiciones, existimos quienes lo sentimos muy adentro como una herida propia, pero como es invisible, no podemos mostrar a los demás, solamente podemos vivir la experiencia terrible de dolor con una sensación de pérdida que nos agobia, y su dimensión, su influencia en cada uno de nosotros, es distinta, depende de cómo nos dejemos incidir y  si permitimos que nos destruya, es un dolor que trata de robar todo el significado de la vida.

Pensemos en la última vez que alguien experimentó una crisis, esa persona repitió una y otra vez ¿Por qué?… la mente no acepta el sufrimiento, no tiene significado, el significado no está en la verdad sobre una tragedia, delito, enfermedad, injusticias, pérdida… ¿Por qué a nosotros? ¿Qué hicimos para merecerlo? Si Dios existe ¿Cómo puede permitir este sufrimiento tan terrible?

Hay varias respuestas como: El sufrimiento es considerado parte de la vida y por tanto inevitable, el cuerpo físico está expuesto a hambre, violencia, accidentes, envejecimiento, muerte, etc. Parecería por tanto que es natural que debamos sufrir, opinión relativamente fatalista porque demuestra ser incurable. Otra respuesta puede ser que el sufrimiento es producto del pecado y de malas acciones, es decir que el sufrimiento viene de adentro y no de afuera, pero esta respuesta encierra optimismo ya que es posible la redención. Sea cual fuere la respuesta ideal al sufrimiento, nuestra actitud frente a éste hará que se prolongue o se acorte, se estacione o se libere, dependerá de razonamientos para encerrarnos o no, de buscar los mecanismos de ayuda más efectivos y oportunos para cada uno de nosotros. Las energías negativas atrapadas se fortalecen más mientras más se reprimen, es necesario romper el círculo de la negación y el sufrimiento, toda creencia positiva anula la negativa. Hay muchas formas de aliviar la pena, pero la espiritualidad suele ser la que más rápido sana el sufrimiento.

No importa cuánto tiempo hayamos sufrido, podemos cambiar, quien debe notar la profundidad de nuestro dolor somos nosotros mismos y eso pasa en el mismo instante en que nos sentimos merecedores de sanar. Saber reconocer que necesitamos ayuda, hay quienes estudian mucho para ello y están dispuestas a ayudar proporcionándonos herramientas mentales que nos provoquen una adecuada administración emocional.  Se llaman psicoterapeutas.

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