Policía desbordada / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión

La renuncia obligada de Alexandra Vela, a su cargo de ministra de gobierno, significó la división de funciones entre la política y la seguridad interna. Dos ámbitos en los que el gobierno aún no sabe hacia dónde llevar al país. 

El final de la exministra, Vela, era predecible. Bajo su responsabilidad se produjeron masacres inéditas y una ruptura con la Asamblea Nacional que hasta la fecha es infranqueable. Al parecer, su único objetivo era persuadir al presidente, para que active la Muerte Cruzada y anticipe las elecciones generales. 

Don Guillermo Lasso, una vez que se quitó esta piedra del zapato, el 30 de marzo, revivió la figura del Ministerio del Interior. Una entidad necesaria que fue borrada por el Licenciado Moreno, en su afán no cumplido de optimizar los pocos recursos que dejó la mesa servida de su antecesor. Este ministerio, tiene como función, poner orden en las calles y en las cárceles. El valiente encargado de esta proeza, que de conseguirla sería declarado héroe, es el mismo funcionario que enfrentó el levantamiento indígena y la toma de Quito en octubre de 2019. 

El exgeneral de Policía, Patricio Carrillo, no terminó de estrenar su escritorio, sin que surjan nuevas escenas que atormentan a la ciudadanía. La violencia se ha tomado la totalidad del territorio nacional. Los asesinatos a la carta en la Zona 8 y otras provincias son imparables. Pero, los crímenes en Ibarra son la novedad de la semana. El atentado contra una niña pequeñita deja sin aliento a todos. Si ordenar un ataque contra rivales o enemigos es un crimen horrible, la crueldad se multiplica cuando los sicarios actúan por mandato del padre de la menor. 

Las instituciones del Estado son veedoras insensibles del dolor ciudadano y las fuerzas de seguridad se limitan a levantar indicios balísticos y dar ruedas de prensa. El propio ministro, Carrillo, dice que la Policía está “desbordada por la cantidad de funciones que tiene que cumplir”. Es decir, debemos sentir resignación frente a la mínima producción de una entidad desbordada, cuyo primer representante reconoce que no tiene capacidad de acción. De ser así, los ecuatorianos vivimos en condiciones de vulnerabilidad e indefensión generalizada. 

Mientras esto sucede, muchos servidores policiales, están “desbordados”, invirtiendo en captadoras ilegales de dinero. Probablemente, la Policía no tiene la capacidad de respuesta a la crisis que vive el país, porque muchos de sus miembros, están “desbordados”, cumpliendo funciones ajenas a su oficio. (O)

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