Movilidad de la pobreza / Mirian Delgado Palma

Columnistas, Opinión

La pobreza es un estigma que encontramos en ciudades, países y continentes en el mundo cuyo distintivo es la carencia de bienes. Se dice que hay pobreza, cuando falta la satisfacción de necesidades básicas, como la alimentación, educación, vivienda, salud, trabajo; necesidades que deben ser satisfechas para tener opción a una vida digna.

Son varias las patologías que identifican a la pobreza como el alcoholismo, descomposición familiar, maltrato infantil, prostitución, deserción escolar, altos índices de desnutrición, robo, explotación infantil y sexual, tráfico de menores y adolescentes, atracos, agiotismo, mendicidad, por citar algunas. Mientras exista pobreza resulta imposible acabar con ciertas manifestaciones de la delincuencia, Sin embargo, precisa aclarar que no toda la delincuencia es resultado de la pobreza.

A la pobreza hay que entenderla como una cultura y un sistema de vida, cuyo anhelo es el de dotar al entorno familiar de los insumos necesarios para cubrir con las aspiraciones justas de crecimiento y desarrollo de todos los seres humanos, bajo un modo de vida en donde la armonía, el bienestar, la paz y la felicidad sean los pilares que sostengan a cada familia en el tiempo y el espacio que les toca vivir.

Según datos de las Naciones Unidas en el mundo existen 1.400 millones que están ubicadas en pobreza extrema y 900 millones que sufren hambre, de un total de la población mundial que representa 7.300 millones de habitantes.

En Ecuador, según datos del INEC, el 24.5% de la población se ubica en los niveles de pobreza y el 9%en pobreza extrema, estos datos son indicadores preocupantes que merecen atención por parte del Estado.

Por otra parte, la movilidad de la pobreza, empeoran más la situación del Ecuador, motivada por el éxodo de venezolanos que cada día ingresan en busca de mejores días para sus familias. Si la situación de los extranjeros mejora, la nuestra empeora por las limitadas plazas de trabajo para los ciudadanos ecuatorianos que son desplazados por remuneraciones más bajas que se pagan a los venezolanos. 

¿Qué hacer frente a esta penosa situación? El gobierno tiene la respuesta, esperamos que ya se esté trabajando en programas y la definición de políticas que den solución a esta problemática que trastorna a la familia ecuatoriana.

La falta de acciones oportunas tiende a conducir al inmovilismo, a dejar que las cosas vengan y pasen y a no hacer algo por controlarlas. Ello confirma una debilidad del alma y del espíritu que muchas veces es el resultado de la pobreza física se manifiesta en indolencia, en dejadez e indiferencia, en un país pequeño, pero con abundantes riquezas naturales, que explotadas sabiamente darían a sus habitantes un estatus de vida digna.

Es preciso traer a colación aquel aforismo de Nelson Mandela, presidente de Sudáfrica: “Erradicar la pobreza, no es un acto de caridad, es un acto de justicia”. (O)

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