MAYO, 1830/ Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

            El Libertador formó La Gran Colombia como núcleo generador de la unidad de nuestra América. La consideraba como la única garantía de la libertad de América del Sur y un bastión inexpugnable en la lucha contra el imperialismo.

            Sin embargo, estaba plenamente consciente de las deficiencias de la obra monumental que él se obstinaba en erigir; ni el entusiasmo, ni el patriotismo, ni la fe en su energía lo divorciaba de la objetividad.

            A la hora final de los desengaños Bolívar llegó a convencerse de que la creación de La Gran Colombia fue prematura, de que la vinculación política no podía mantenerse cuando faltaba el incentivo de la defensa militar común, y cuando se dejaban prácticamente inalterados los cimientos de la estructura social y económica de los países que la conforman.

            Es más, la geografía conspiraba contra la existencia de La Gran Colombia; las distancias inmensas, la escasa población hacían casi inoperante al gobierno respecto a lugares lejanos de la capital. El propio gobierno además, en manos de guerreros-militares sin visión política, hacía muy poco por salvar la unión, desatándose, incluso, un malsano regionalismo.

            No faltaron, por supuesto, las ambiciones personales o “partidistas”. Se desató una denigrante campaña contra el Libertador, producto de la ingratitud, la envidia, la maldad, llegando incluso a atentar contra su vida, como ocurrió el 25 de septiembre de 1828, en Bogotá, siendo salvado por Manuela Sáenz.

            La ambición de poder de ciertos caudillos provocó la desintegración de La Gran Colombia, dando origen a un triste capítulo en la historia Americana.

            El 13 de Mayo de 1830, por ambición personal de un grupo comandado por el general venezolano Juan José Flores, el Distrito del Sur, se separó de La Gran Colombia. Este Distrito que estaba formado por Quito, Cuenca y Guayaquil, convocó a una asamblea en Quito, a la que asistieron corporaciones militares, religiosas y padres de familia, sin la presencia de representantes de Cuenca ni de Guayaquil, razón por la cual esta asamblea no tenía el carácter de legítima.

Días después, el pueblo de Guayaquil se reunió en Asamblea y se pronunció por la separación del Distrito Sur de La Gran Colombia.

            Flores, se sintió respaldado y convocó a una Asamblea Constituyente en Riobamba, el 14 de Agosto de 1830, en la que se designó al general Juan José Flores como Jefe Supremo Civil y Militar del Estado, llegando a consumarse uno de los hechos más lacerantes de nuestra historia, el triunfo de las ambiciones personales, la traición, propia de espíritus despreciables, ruines.

            Por supuesto, la Constitución que se redactó en Riobamba fue hecha a la medida de las ambiciones Floreanas, basadas en los caprichos de los grupos dominantes de siempre que han llenado de dolor y vergüenza a la Patria. (O)      

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