Maneras de observar el mundo

¡Quién lo diría!, un detalle tan insignificante como la forma en que se observa el mundo puede marcar un futuro de éxito o fracaso, de dicha o amargura, de consciencia o automatismo. Veamos lo que quiero decir en la práctica:
El padre de Albert Einstein le mostró una brújula a su hijo de cinco años y este quedó impresionado por el movimiento de la aguja que respondía a alguna fuerza que no veía. Años más tarde esta experiencia, recogida en sus notas autobiográficas, le hizo plantearse que tenía que existir algo (una fuerza) oculta detrás de las cosas que observamos.
En la biografía definitiva de Steve Jobs escrita por Walter Isaacson, hay un pasaje que deja entrever la mente inmensamente despierta del entonces niño Steve. Dice: “Un verano, Paul Jobs (padre adoptivo) se llevó a Steve a Wisconsin para que visitara la granja lechera de la familia. La vida rural no le atraía nada, pero hay una imagen que se le quedó grabada. Allí vio cómo nacía una ternerilla, y quedó sorprendido cuando aquel animal diminuto se levantó en cuestión de minutos y comenzó a caminar. ‘No era nada que hubiera aprendido, sino que lo tenía incorporado por instinto -narró-. Un bebé humano no podría hacer algo así. Me pareció algo extraordinario, aunque nadie más lo vio de aquella manera’. Lo expresó en términos de hardware y software: ‘Era como si hubiese algo en el cuerpo y en el cerebro del animal diseñado para trabajar conjuntamente de forma instantánea en lugar de aprendida’”.
No estoy diciendo que estas experiencias demuestran la genialidad precoz de estas personas o que con ellas se prueba que ya estaban destinados a serlo. Digo, simplemente, que son maneras de observar el mundo. Y este sí es un argumento a considerar porque el ver detalles donde nadie más los ve no es una especie de don reservado solo a las mentes prodigiosas, sino una habilidad que todos podemos (y debemos) aprender. Hacerlo nos permitirá dejar de vivir en automático, sacudirnos la mazmorra y avisparnos para transitar el mundo muchos pasos por delante del promedio.
Por eso, creo que aparte de necesario, es el momento adecuado para preguntarnos ¿De qué manera observamos el mundo?: si lo hacemos con conciencia, atentos a las decisiones que tomamos, pensando nuestros pensamientos, o, apenas dejándonos llevar, ajenos a los detalles y desinteresados por desvelar las verdades de la vida.
Reitero, Einstein y Jobs no nos están dando una lección de genialidad, ni tampoco están insinuando que debamos serlo, sus anécdotas son solo una invitación a que emulemos su forma de observar el mundo, porque, si lo piensa con detenimiento, vivir con la mente dispuesta (atenta) es una obligación moral, de lo contrario, tal vez solo debamos seguir cayendo cual hoja seca que se bambolea al son del viento, ¿no le parece? (O)
