El hilo invisible

Columnistas, Opinión

Es tan común escuchar la frase “nunca haremos lo mismo”, y en varias ocasiones la expresión del millón: “por qué terminamos viviendo situaciones parecidas a las que vivieron nuestros padres”, son frases que se escuchan y en ocasiones influyen, en la vida al repetir ciertos patrones familiares.

Muchas veces repetimos formas de actuar, pensar o relacionarnos que aprendimos en casa sin siquiera darnos cuenta. Frases, conflictos, maneras de criar a los hijos o incluso la forma de enfrentar una pareja pueden parecer parte de nuestra personalidad, cuando en realidad tienen raíces en experiencias familiares que vienen de generaciones anteriores.

Crecer dentro de una familia significa aprender, entre otras cosas, observando. Desde pequeños, los hijos miran cómo sus padres resuelven los problemas, expresan sus emociones, enfrentan las dificultades y se relacionan entre ellos. Esos comportamientos pueden convertirse en modelos que se repiten durante la vida adulta. Por eso, no es extraño que una persona que creció en un hogar donde predominaban los gritos termine relacionándose de manera agresiva, o que alguien que vivió constantes conflictos familiares tenga dificultades para construir relaciones tranquilas. También pueden repetirse patrones relacionados con la sobreprotección, el abandono emocional, la falta de comunicación o la dificultad para expresar los sentimientos.

Estos patrones no necesariamente se repiten porque una persona quiera vivir las mismas experiencias de sus padres. En muchos casos, se trata de comportamientos aprendidos desde la infancia y que llegan a sentirse como algo “normal” o conocido. Las experiencias familiares pueden influir en la manera en que una persona entiende el amor, la autoridad, la confianza y hasta la forma de enfrentar los problemas.

Lo primero y más importante, es que debemos comprender que cambiar, no significa culpar a nuestros padres; ellos también estuvieron condicionados por sus propias experiencias. Saber reconocer estos patrones para evitar que continúen; es aprender nuevas formas de responder; tener una mejor comunicación; poner límites; aprender el manejo de las emociones y el desarrollo de una autoestima saludable para construir relaciones diferentes.

Identificar un comportamiento repetitivo puede resultar difícil, especialmente cuando ha formado parte de la vida durante muchos años; en este proceso, la reflexión personal y el diálogo pueden ser importantes, pero también puede ser necesario buscar ayuda profesional.

Entender que puedes amar a tu familia sin necesidad de vivir exactamente su misma historia. Romper el patrón no es traición, es evolución. La ayuda profesional puede ayudar a comprender de dónde vienen determinados comportamientos, reconocer emociones y desarrollar nuevas herramientas para afrontar las relaciones y los conflictos.  Es importante entender que los patrones familiares pueden influir en nuestras vidas, pero no tienen por qué determinar lo que está por venir.

 El reconocer aquello que queremos cambiar permite abrir la posibilidad de construir nuevas formas de relacionarnos. A veces, romper un ciclo comienza con una pregunta sencilla, pero profunda: ¿esto realmente lo elegí yo o simplemente aprendí a vivir de esta manera?  Recordemos no heredamos los acontecimientos exactos (como un divorcio o una quiebra económica), pero sí heredamos la estructura biológica y psicológica para responder al estrés, al miedo y al afecto.

“No hay culpas, solo historias que comprender y heridas que sanar con amor.” (O)

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