La Escuela y la Sociedad / Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

 

Prácticamente ha concluido el año lectivo 2017 – 2018, y la mayoría de Establecimientos Educativos se encuentran evaluando los resultados obtenidos en los diversos ámbitos del proceso escolar.

Un detalle fundamental es el análisis de la relación de la escuela y la sociedad, ya que, al parecer, en la práctica hay muy poca conexión entre ellas, pese a que no podría subsistir la una sin la otra.

Es evidente que la educación no es obligación exclusiva de la escuela. Son todas las instituciones, toda la sociedad quienes deben aportar en el proceso educativo. Sin embargo, no hay exageración en sostener que la sociedad no tendría continuidad si no fuese por la educación. Sin ella no habría sustitución del elemento humano para avanzar y vitalizar las propias instituciones sociales, incluso de aquellas que se consideran más alejadas de las cuestiones educativas.

Entonces, los responsables de todas las instituciones deberían convencerse de esta verdad para no dejar a la escuela huérfana, sola, en la inmensa tarea de formar a la niñez y la juventud, porque de su acción dependen la consideración y el progreso de la sociedad.

Por su puesto, las instituciones más comprometidas con la educación y que están en estrecho contacto con la escuela son: la Familia, la Iglesia y el Estado.

A propósito de este tema, hemos creído fundamental enfocar la acción de la Iglesia como una acción docente dentro o fuera de la escuela. Su papel en la educación abarca la formación social, moral y espiritual de los estudiantes, el lema de la Iglesia es: “No tiene sentido la educación o la escuela que no procure respetar y proteger la vida espiritual del hombre”.

El Papa Francisco, cuando Arzobispo de Buenos Aires, en su mensaje pronunciado el 1 de Octubre de 2005, entre otras cosas expresa: “En los últimos años se han incorporado al paisaje ciudadano nuevas realidades, algunas de ellas tienen como protagonistas a los niños, que nos golpean y nos conmueven. Niños y jóvenes en situación de calle, mendigando, durmiendo en estaciones de metro y ferrocarriles, en pasillos y soportales; en ocasiones “aspirando”, solos o grupalmente. Son realidades habituales en el cotidiano paisaje ciudadano.

Niños y adolescentes hurgando en la basura en búsqueda quizá de su única comida diaria, aún en horas entradas de la noche.

Y una realidad lacerante, la creciente utilización de niños y adolescentes en el tráfico de drogas.

Esta realidad nos habla de una degeneración moral cada vez más extendida y profunda que nos lleva a preguntarnos cómo recuperar el respeto por la vida y dignidad de nuestros niños.

“He pensado que nuestro trabajo educativo, como iglesia, tendría que ser imitando a Dios, “moldeando” la vida de esos chicos, buscando la armonía de un corazón que cree y que nosotros acompañamos en este camino educativo”.

Eso es lo que vamos a pedir hoy: La gracia de saber educar en la armonía, de saber amasar estos corazones jóvenes para que vivan en libertad, lejos de toda opción esclavizante. Miremos a la Virgen y digámosle desde el llanto de nuestro corazón: “madre, ayúdanos a cuidar sus vidas”. (O)

 

 

 

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