La cultura sus políticas públicas

Es una gran responsabilidad el manejo de la institucionalidad pública en el área de cultura de una sociedad cualquiera y mucho mas de una sociedad diversa sin el hábito y conciencia de esa diversidad, pues una hegemonía cultural ha impuesto su línea cultural a todas las diversidades.
Por ello la institucionalidad pública en cultura ha ido matizada por la serenidad, la existencia de la Casa de la Cultura fue una respuesta a la depresión de toda la nación luego de los hechos que implicaron la pérdida de la guerra, territorio e invasión de 1941, darle un sentido de patria y nación fue su objetivo, es por ello que para los retos del siglo XXI esta institución a nivel nacional pierde su sentido vigente, posteriormente la subsecretaria de cultura tenia la misión de incorporarse en la educación primaria bajo los principios laicos y estimulo de las artes.
El movimiento cultural y de la gestión cultural de la década de los noventas asumió nuevas categorías, debates y retos que se vieron licuados en el decreto demagógico de enero de 2007 al crearse sin la participación y planificación debida el Ministerio de Cultura y ello provocó la burocratización de muchos procesos artísticos, la pugna por fondos concursables muchos de ellos direccionados y el salto social y económico de personas y familias alrededor del uso del discurso de “la cultura” como lo que sucedió en Tungurahua en donde una directora asumió el cargo en dos gobiernos diferentes mientras tenia “sus colectivos” que ganaban los fondos públicos, dejando a una persona que le garantizó no fiscalizarle para luego salir de la ciudad. Otro caso es el que uno de los ministros del año 2014-2016 habría transferido miles de dólares a “nacionalidades” como se les denominó a las pandillas y que luego degenerarían en GDO´s personerías jurídicas que saldrían precisamente del sector cultural.
Los gobiernos y centrales y municipales en estos ya diez años no han acertado en nombrar ministros, directores y ahora vice ministros de cultura, pues se basan en un criterio mecanicista como “potenciar los teatros o los museos” encargo dada vía “confianza personal” y no por meritocracia en un área muy sensible para el país pequeño, diverso, con fuertes heridas de identidad y una nacionalidad en construcción.
Alrededor del Museo Nacional se vio una respuesta visceral de oposición al gobierno central, no un debate serio del sector, se divulgó contradicciones entre autoridades, reafirmando el tema que el estado no le coge la punta del ovillo a la cultura diversa en Ecuador. (O)
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