¿La cultura en el limbo o en la cima?

En un país donde la seguridad jurídica suele ser incierta, los ciudadanos dependemos, muchas veces, de esos momentos en los que la organización social permite visibilizar una verdad fundamental: la soberanía radica en el pueblo. Sin embargo, para que esa organización emerja y se fortalezca, generalmente deben ocurrir hechos que nos afectan profundamente.
Ecuador cuenta con un importante número de ciudadanos vinculados a procesos artísticos, culturales y creativos. Muchos de ellos han perdido la confianza en las pocas instituciones culturales que aún sostienen el sector: la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, y las direcciones de Cultura de aquellos Gobiernos Autónomos Descentralizados que han comprendido que la cultura debe fortalecerse y repotenciarse de manera permanente, pues constituye un eje transversal para el desarrollo. Más allá de estas entidades, la institucionalidad cultural del país continúa siendo limitada.
Si hablamos de la Casa de la Cultura, resulta preocupante observar los constantes cuestionamientos que han rodeado a la institución últimamente. Con frecuencia, estos espacios terminan siendo ocupados por personas sin una visión clara para impulsar procesos que mejoren las condiciones de vida de sus representados. Autoridades que relegan la planificación a un segundo plano y que parecen operar bajo la lógica de que “mientras menos nos vean, mejor”. El resultado son estructuras institucionales inmóviles, alejadas de la dinámica creativa que debería caracterizar a los espacios destinados a la promoción cultural.
En cuanto al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, es justo reconocer los esfuerzos realizados para mantener mecanismos de incentivo tributario dirigidos a las empresas que invierten en cultura, así como los fondos concursables que han permitido a miles de artistas y gestores culturales acceder a recursos no reembolsables para desarrollar sus proyectos.
No obstante, la institución se vio recientemente envuelta en una fuerte controversia relacionada con el proyecto para la construcción de la primera sede propia del Museo Nacional del Ecuador (MuNa). La polémica surgió cuando la entonces viceministra de Cultura, Romina Muñoz, respaldó la propuesta denominada Ecos de Sol, diseñada por el arquitecto Alberto Campo Baeza junto a la firma quiteña MAODA. El proyecto consistía en una gran estructura vertical de hormigón blanco cuya propuesta estética fue ampliamente cuestionada por diversos sectores de la ciudadanía.
Las críticas se multiplicaron rápidamente en redes sociales y medios de comunicación. Muchos ciudadanos calificaron el diseño como una construcción distante de la identidad cultural ecuatoriana, carente de elementos que reflejaran la diversidad y riqueza patrimonial del país. La discusión trascendió el ámbito arquitectónico y se convirtió en un debate nacional sobre la representación simbólica de la cultura ecuatoriana.
La respuesta ciudadana fue inmediata y contundente. La presión social, acompañada por campañas de recolección de firmas y un intenso debate público, evidenció que la participación ciudadana continúa siendo una herramienta capaz de influir en las decisiones gubernamentales. Como resultado, la ministra Gilda Alcívar solicitó la renuncia de Romina Muñoz y el Gobierno Nacional anunció la cancelación definitiva de la propuesta seleccionada inicialmente.
Ahora, el proceso entra en una nueva etapa. El proyecto contempla la construcción de una infraestructura de aproximadamente 36.000 metros cuadrados en el centro-norte de Quito, destinada a albergar y exhibir más de 1,2 millones de bienes culturales que actualmente permanecen almacenados y con acceso limitado para la ciudadanía. La nueva selección incorporó mecanismos de participación ciudadana, otorgando un porcentaje de la calificación final a la votación pública.
Entre los finalistas se encuentran Topografías de Memoria, propuesta desarrollada por un consorcio internacional reconocido por su participación en la ampliación del Museo Reina Sofía de España; Mario Cucinella Architects SURL, cuyo enfoque privilegia la sostenibilidad ambiental y la innovación tecnológica; y SANAA + A0-CPA-JHS, prestigioso estudio japonés reconocido mundialmente por sus diseños vanguardistas y su ligereza arquitectónica.
Esperamos que la propuesta finalmente seleccionada represente de manera auténtica la identidad, la diversidad y las aspiraciones culturales del Ecuador. Más allá de las controversias, también es necesario reconocer la relevancia de una inversión pública de esta magnitud en el ámbito cultural, un sector que históricamente ha enfrentado limitaciones presupuestarias y escasa prioridad dentro de las políticas públicas.
Respecto a los Gobiernos Autónomos Descentralizados, también será fundamental respaldar a aquellas autoridades que comprenden que la cultura no constituye un gasto, sino una inversión estratégica. La cultura genera identidad, fortalece el tejido social, impulsa la creatividad y dinamiza la economía local profunda y permanentemente. Por ello, los municipios y gobiernos provinciales tienen la responsabilidad de contar con direcciones de Cultura sólidas, técnicamente capacitadas y dotadas de presupuestos que permitan impulsar procesos sostenibles en beneficio de toda la ciudadanía.
En nuestra próxima editorial analizaremos con mayor profundidad el papel que desempeñan los GAD en el fortalecimiento de la cultura como herramienta de desarrollo territorial. (O)
