Incendios Forestales / Editorial
La provincia de Tungurahua vive nuevamente una temporada crítica de incendios forestales. Entre el domingo 12 y el lunes 13 de julio se registraron varios flagelos en la Sierra centro, siendo uno de los más graves el ocurrido en el caserío Quindialo Grande, en la parroquia Quisapincha, que movilizó al Cuerpo de Bomberos de Ambato y dejó una persona herida. En lo que va del año, el país acumula cientos de alertas y miles de hectáreas de vegetación consumidas, con Tungurahua entre las provincias más afectadas. La sequía y los fuertes vientos, agravados por el fenómeno de El Niño, crean condiciones perfectas para que el fuego se propague.
Detrás de la mayoría de estos incendios hay una causa humana. Los bomberos han explicado que muchos flagelos se originan en las quemas agrícolas de maleza que, por descuido o por el viento, se salen de control. A ello se suman las fogatas mal apagadas e incluso actos intencionales. Es importante recordar que la creencia popular de que el humo atrae la lluvia es falsa, pues estudios científicos demuestran que ocurre exactamente lo contrario. El Código Orgánico Integral Penal sanciona con cárcel a quienes provoquen incendios forestales.
La prevención es una tarea de todos. Las autoridades deben reforzar los planes de contingencia, el equipamiento de los bomberos y las campañas de concienciación, especialmente en las parroquias rurales más vulnerables como Pasa, Quisapincha, Pilahuín e Izamba. Pero los ciudadanos también debemos poner de nuestra parte, evitando las quemas descontroladas y reportando cualquier conato de incendio. Reconocemos la valiosa labor de los “casacas rojas” y de las comunidades que se organizan en mingas para combatir el fuego. Cuidar nuestros páramos y bosques es proteger el agua, el aire y la vida de las futuras generaciones. (O)
