Injusticia en la mochila

Columnistas, Opinión

En el teatro de la política local, las promesas de equidad suelen evaporarse en cuanto se encienden las cámaras. Lo que debió ser un acto de justicia social y apoyo a la educación terminó convertido en un descarado espectáculo de autopromoción y vulneración de derechos.

La historia no es nueva. Desde la administración de Fernando Callejas, el Municipio de Ambato concibió el programa “Yo soy parte de ti” con un objetivo noble: entregar kits y mochilas escolares a niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Sin embargo, tras analizar la ejecución del proyecto, salta a la luz una omisión imperdonable: la comunidad afrodescendiente radicada en nuestra ciudad fue sistemáticamente ignorada durante años.

Ante esta evidente postergación, impulsé la creación de un marco normativo claro: la Ordenanza para la Promoción, Protección y Restitución de Derechos del Pueblo Afroecuatoriano en el Cantón Ambato. Su Artículo 9 lo deja por escrito, sin rodeos: el Consejo Cantonal de Protección de Derechos de Ambato (CCPDA) debe coordinar con el ente rector de educación para garantizar el acceso, permanencia y promoción de la niñez afroecuatoriana. Para ello, la Dirección de Desarrollo Social y Económico tiene la obligación legal de otorgar los incentivos educativos y kits escolares, previo un informe socioeconómico de factibilidad.

¿Qué hicieron las autoridades responsables con este mandato? Absolutamente nada. El procedimiento técnico y el marco legal quedaron guardados en un cajón, desempolvados únicamente cuando convenía a la foto oficial.

En lugar de aplicar la norma con rigor técnico e institucional, asistimos a una vergonzosa muestra de proselitismo político. La Sra. Alcaldesa prefirió repartir mochilas en actos públicos como si salieran de su propio bolsillo, sonriendo ante los flashes con el dinero de todos los ambateños. Lo más indignante fue el uso instrumental de las infancias, especialmente de la niñez afrodescendiente, para simular una inclusión que no existe en la práctica.

Mientras en tarima se montaba el show entregando incentivos a un grupo reducido, la gran mayoría de niños y niñas afroecuatorianos en el sistema educativo se quedaron con las manos vacías. Esta manipulación no solo configura un desacato flagrante a la ordenanza cantonal, sino que vulnera de manera directa el Código de la Niñez y Adolescencia, cuyos artículos 50 (derecho a la integridad personal) y 52 (prohibición de publicar imágenes que expongan o vulneren la dignidad de los menores) prohíben expresamente utilizar a la infancia con fines propagandísticos.

Qué fácil resulta hacer caridad con recursos públicos y qué indignante es convertir la necesidad educativa en el “obsequio” de una campaña política. Ambato no necesita caridad populista; necesita autoridades que respeten la ley, cumplan con los informes de factibilidad sin discriminación y garanticen derechos con verdadera equidad, sin camuflar el abandono detrás de una mochila.

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