Incendios y Sequía / Editorial

Editorial, Opinión

La temporada seca vuelve a poner en alerta a Tungurahua. Mientras en Quito los incendios forestales de las últimas semanas han encendido las alarmas, nuestra provincia no escapa a este problema que cada año se repite. Los cantones de Ambato, Baños, Patate, Píllaro y Pelileo figuran entre los más vulnerables, con afectaciones recurrentes en los últimos años. Las cifras son alarmantes, este año se ha registrado un preocupante aumento de los incendios respecto a temporadas anteriores, con pajonales, bosques y páramos consumidos por el fuego. El déficit hídrico que vive la Sierra centro, sumado a los fuertes vientos, crea el escenario perfecto para que las llamas se propaguen con rapidez.

Detrás de la mayoría de estos incendios existe una causa humana. Los organismos de socorro han explicado que buena parte de los flagelos se originan en quemas agrícolas de maleza que se salen de control, a lo que se suman fogatas mal apagadas e incluso actos intencionales. Persiste además la creencia popular y errónea de que el humo atrae la lluvia, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario. Estos descuidos terminan destruyendo vegetación, ahuyentando y matando fauna silvestre, y poniendo en riesgo viviendas y vidas humanas.

La prevención es una responsabilidad compartida. Valoramos el trabajo del Cuerpo de Bomberos, de la Secretaría de Gestión de Riesgos y de las comunidades que se organizan para combatir el fuego, muchas veces en zonas de difícil acceso. Pero el mayor esfuerzo debe ser preventivo, evitar las quemas descontroladas, reportar oportunamente cualquier conato al ECU 911 y cuidar nuestros páramos, que son las fuentes de agua que abastecen a la provincia. Cuidar la naturaleza en esta época crítica no es una opción, sino un deber de todos los ambateños con su tierra y con las futuras generaciones.

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