Imagen social / Washington Montaño Correa

Columnistas, Opinión

Son tres y caminan con poses desafiantes, vociferan en alta voz obscenidades para que les escuchen; no se acercan, sino que le abordan de forma intimidante al campesino, abriéndose en abanico y lanzan groseramente un “colabora con cincuenta centavos” el hombre se escabulle por el susto y el miedo y allí sí le dicen que es un tal…y no te meto un puntazo h……, escena en el parque Cevallos. ¡Pleno centro de Ambato! Por el timbre de voz, la mala facha, venezolanos.

Y esta clase de gente que vino y sigue viniendo, no es la mejor, esta es la octava ola y en la que no hay profesionales como en la tercera o cuarta ola, sino solo gente del bajo mundo, sin oficio ni beneficio alguno. Qué enorme diferencia entre los primeros que llegaron, buenos profesionales, arribaron por el aeropuerto, tenían títulos universitarios de cuarto nivel, con hojas de vida envidiables y que rápidamente se ligaron a las empresas, la industria o los negocios particulares porque vinieron con buenas intenciones, un capital para trabajar y pasan desapercibidos.

Cualquier ser humano siempre busca la forma o la manera de sobrellevar su destino hacia mejores derroteros y mucho más si vienen con niños pequeños y en quienes se les graba para siempre esta fea experiencia en su vida. Una persona educada no lo permitiría, porque por los hijos hay sacrificios, entrega, pasión por respaldar su vida; y si no, allí están los “paisas” colombianos emprendedores con sus negocios pequeños, luchadores, con verraquera, como suelen decir ellos y no han dado estos problemas. 

…Estos limosneros con escopeta, hasta la tarifa ponen y están por todos los lados y es un mal que cada día está peor y no hay autoridades que ponga un alto a estos vagos, que parece que nunca han trabajado y vienen acá como vagabundos a reclamar lo que en su país no pueden hacerlo, vocifera la señora de los periódicos. Ya se va reuniendo la gente, por curiosidad, solidaridad o simplemente por la animadversión que se están ganando entre la sociedad. Disimuladamente estos venezolanos, rompen el grupo y se alejan por varios lados y lejos de la mirada, apresuran el paso y desaparecen. 

…Si, sí, así están provocando a la gente; vea aquí mismo, se han adueñado del parque, los niños hacen sus necesidades allí tras del rótulo de Ambato, los municipales, ven y no les dicen nada porque disque les han amenazado, las mujeres qué también harán, asoman bastantes por un buen rato y de pronto desaparecen; los hombres, se turnan amarcando a los guaguas para pedir limosna…porque si les dan y comen bien, vea allá están las tarrinas.

Estas actitudes que suben de tono son las que preocupan y solo falta que alguno de ellos colme la paciencia o se convierta en la gota que derrame las pasiones latentes que desenfrenadas recorrerán las calles como sucedió hace ya dos semanas en Otavalo.

No está demás exigir a las autoridades de la provincia y la ciudad que emprendan en planes de contingencia que amainen este problema social, pero que sean planes a largo plazo porque de por medio hay dos sectores que por humanidad deben ser cuidados y protegidos: los niños y las mujeres.   (O)

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