Hay dos formas de vivir tu vida

Columnistas, Opinión

Hay dos formas de vivir tu vida: Una es pensar que nada es un milago, la otra es creer que todo lo es”. Esta frase  se le atribuye  a Albert Einstein, aunque su autoría no está plenamente comprobada. No obstante, más allá de quién la pronunció, la reflexión encierra una enorme verdad sobre la manera en que decidimos vivir.

Existen personas que miran el mundo desde la relación causa – efecto, representa una  mirada racional, esceptica, hasta cierto punto desencantada. Ciertamente, esta mirada tiene un enorme valor: nos permite comprender la realidad, tomar decisiones y evitar caer en creencias sin fundamento. Pero existe también el riesgo de que, en nuestra obseción por explicarlo todo desde la racionalidad, terminemos dejando de maravillarnos por nada.

Nos acostumbramos a despertar cada mañana y dejamos de pensar en lo extraordinario que significa estar vivos. Nos acostumbramos a nuestra familia, a nuestros amigos, a nuestra capacidad de caminar, conversar, aprender, trabajar, amar y volver a comenzar. Lo cotidiano pierde su valor precisamente porque se vuelve cotidiano.

Quizá el problema no está en explicar la vida, sino en dejar de admirarla. Ciertamente, decir que “todo es un milagro” no significa necesariamente creer que todo tiene un origen sobrenatural. Puede significar algo mucho más profundo: desarrollar la capacidad de mirar aquello que tenemos todos los días como algo que merece ser valorado.Una conversación con alguien que queremos puede ser un milagro, un abrazo sincero puede ser un milagro, una oportunidad después de un fracaso puede ser un milagro, incluso un día aparentemente común puede contener innumerables razones para agradecer.

La ciencia puede explicarnos cómo nace una flor, cómo funciona el corazón o cómo se produce una puesta de sol. Pero explicar el mecanismo de algo no necesariamente elimina nuestra capacidad de maravillarnos ante su existencia.

Podemos comprender  la realidad, pero al mismo tiempo admirar lo que nos rodea; y es que la vida nos lleva con frecuencia a concentrarnos en aquello que nos falta. Pensamos en el próximo objetivo, en el próximo ascenso, en el próximo negocio, en el próximo problema que debemos resolver. Y mientras perseguimos lo que todavía no tenemos, corremos el riesgo de no reconocer el valor de aquello que ya está presente en nuestra vida.

Puede ser que estemos esperando que ocurra algo extraordinario para sentirnos felices, cuando quizá lo extraordinario ya está ocurriendo frente a nosotros: La familia que tenemos,  la persona que nos acompaña, Los amigos que permanecen, la posibilidad de aprender algo nuevo.

Estimados lectores, vivir creyendo que “todo es un milagro” puede ser una invitación a la gratitud. No significa cerrar los ojos ante los problemas, ni negar el dolor. Significa reconocer que, incluso en medio de las dificultades, todavía existen motivos para valorar la vida.También significa recuperar algo que  las personas de a poco lo vamos perdiendo: la capacidad de asombro.

Al final del día, la cuestión no es decidir si los milagros existen o no. La cuestión es preguntarnos cómo estamos mirando nuestra propia vida. (O)

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