GRAN MOMENTO DE LA HISTORIA / (Jaime Guevara Sánchez)

Columnistas, Opinión

La noche no tuvo nada de extraordinario, fue otra noche más. Fue la noche en que Adán durmió profundamente, como un tronco, sin que sueños con mujeres le perturbaran. Lo que no supo es que sería la última vez que un hombre – cualquier hombre del mundo- tendría esa clase de reposo completo.

Cuando Adán despertó por la mañana tuvo una sensación extraña, como que había perdido algo. Revisó sus posesiones más preciadas: un coco casi maduro, un palo con apariencia de bastón de pastor de ovejas, una piedra en forma de piedra. Todo estaba ahí.

Entonces con todos los dedos de sus manos y los dedos de los pies. Luego con todos los dientes de arriba y de abajo, todos completos. No fue sino cuando llegó a sus costillas que descubrió su pérdida.

´´He sido descostillado´´, gritó con todas las fuerzas de sus pulmones, mientras se agarraba el costado averiado. El sentimiento de pérdida estaba acompañado de dolores agudos. El éter de la naturaleza empezaba a desvanecerse.

En ese instante Adán vio a Eva. Fue el Gran Momento de la Historia, la primera ocasión que un muchacho conoció a una chica. Pero de lo único que Adán tuvo conciencia fue que esa criatura rosada, de mirada suave, de pie junto al matorral verde era un ser extraño. Hasta donde alcanzaba su visión no había conexión entre la extraordinaria pieza de protoplasma y su costilla, la resemblanza era muy ligera.

Adán empuñó otra vez su costado, esperando despertar simpatía.

Eva lo primero. ´´ ¿Quién eres tú? ´´

´´Madama, yo soy Adán, ´´ dijo Adán esperando impresionar a Eva por tener un nombre que podría escribirse al revés sin cambios notables.

´´tengo hambre, ´´ dijo Eva, lo cual explica por qué Adán, -quién era el medio caído de la hamaca, o ‘shunsho’ completo llamo hambre a Eva por varias semanas… Si Eva hubiese dicho ´´Tengo sed´´, la historia habría cambiado su curso.

Es posible que Eva tuviera hambre, pero su mente estaba inundada con miles de preguntas. Parte porque ella estaba tratando de juzgar la situación y parte porque trataba de alejar de la mente de Adán la pérdida de su costilla.

Adán sonrió y extendió su mano a Eva. Los dos se acostaron sobre 2 piedras planas y jugaron la primera partida de póker del mundo. Mientras jugaban, Adán cuidó sus costillas restantes. ´´Esta clase de cosas puede ir demasiado lejos, ´´ pensó.

Nadie tenía que explicar a Eva de dónde venían los pájaros ni de dónde venían las abejas. Ella lo sabía todo…

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