Geopolítica: El caso de Venezuela

Columnistas, Opinión

Venezuela es un claro ejemplo donde el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos es desafiado diariamente. Sin embargo, el día de hoy en los titulares se encuentra como encabezado la captura de Nicolás Maduro, tomando en consideración que, no es solo un punto de inflexión para Venezuela. Es la partida de una nueva y peligrosa regla del orden global, donde la soberanía se subordina a los intereses estratégicos de las grandes potencias y el derecho internacional queda de lado.

Desde la óptica jurídica, la operación es una violación flagrante e inapelable del Artículo 2.4 de la Carta de la ONU. La Corte Internacional de Justicia ha sido clara: no existen intervenciones legales. Esta acción, sin autorización del Consejo de Seguridad, es un uso ilícito de la fuerza.

Actualmente, Estados Unidos se prepara para una confrontación estratégica con China. En este tablero, América Latina es un espacio de influencia y recursos. La retórica  de figuras como Donald Trump, reclamando el petróleo venezolano para EE.UU., aunque extemporánea, revela una lógica subyacente: el recurso estratégico como premio. La aparente indiferencia histórica de Washington hacia el narcotráfico de aliados incómodos completa el cuadro de un pragmatismo donde los principios son variables.

Por ello, las consecuencias para la soberanía en la región son profundas. Se establece un precedente devastador: la arquitectura de defensa colectiva y no intervención en América Latina, ya debilitada, recibe un golpe mortal. Los principios de no intervención y autodeterminación, pilares del derecho internacional, quedan en estado de coma. Los países de la región, independientemente de su posición ante Maduro, observan con alarma cómo una potencia redefine por la fuerza el panorama político de un Estado.

El Derecho Internacional Humanitario y de los Derechos Humanos existe para proteger al pueblo venezolano. Sin embargo, el medio utilizado el día de hoy envenena ese fin.

El verdadero juicio a Maduro debe ser ante la Corte Penal Internacional, por los crímenes de lesa humanidad documentados. Cualquier otra vía será vista como justicia del vencedor. Asimismo, es indispensable pensar que el futuro del pueblo venezolano no se garantiza solamente con lq caída de un hombre, sino con la reconstrucción de un Estado de Derecho, respaldada por la comunidad internacional bajo el paraguas de la legalidad, no de la fuerza unilateral.

El peligro es que el «éxito» táctico en Venezuela sea leído en Washington, Beijing o Moscú como un manual válido. Si la soberanía es condicional al alineamiento geopolítico o al acceso a recursos, el mundo se encamina a un escenario de esferas de influencia disputadas por la fuerza. 

La captura de Maduro puede marcar el fin de una tragedia venezolana, pero también el prólogo de un orden internacional más brutal, donde la ley del más fuerte vuelve a dictar, y donde la lucha de los pueblos queda a merced de los cálculos de las grandes potencias.

El capítulo venezolano se cierra con un hombre detenido y un orden jurídico global herido. El próximo capítulo lo escribirá la respuesta del mundo ante este hecho. (O)

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