Fe que renueva esperanzas

El inicio de año en la provincia de Tungurahua no solo se mide por el flujo de aventura, sino por el profundo silencio de la oración. Durante el mes de enero, la ciudad de Baños de Agua Santa se consolida como el epicentro de una devoción que trasciende fronteras: miles de fieles y turistas acuden a la Basílica para buscar la bendición de la Virgen del Rosario.
Este templo, uno de los más emblemáticos de la región, se mantiene como un pilar de la identidad local. Tras el pico de visitas registrado en el feriado de Año Nuevo, la afluencia de creyentes no ha cesado durante los fines de semana, manteniendo una dinámica actividad que mezcla lo sagrado con lo turístico.
La arquitectura de la Basílica, cuya construcción inició en 1904 bajo el mando del párroco Tomas Halflants y culminó en 1944 con Fray Sebastián Acosta, luce una restauración que resalta su valor cultural. En su interior, la conexión generacional se hace evidente. Para visitantes como Javier Melendez, acudir al santuario es un rito familiar inamovible: «Colocar una vela y rezar es nuestra manera de pedir salud», afirma mientras participa de la liturgia.
A pocos metros, en la gruta, el calor de cientos de velas encendidas simboliza las peticiones de un pueblo que deposita su confianza en la divinidad. Este fervor refleja que el santuario es, ante todo, un espacio de unidad y esperanza para los ecuatorianos. (I)
