¿Farmeando Aura?

Columnistas, Opinión

Entonces llegó el siglo XXI y, con él, la era de la tecnología: muchas veces confusa, muchas veces capaz de solucionarnos la vida y, dependiendo de cómo la utilicemos, generadora de más ventajas que desventajas. Pero también llegó acompañada de una interrogante cada vez más difícil de ignorar: ¿cómo controlar su uso para no caer dentro del juego imponente e insensible de un sistema que parece quererlo todo y a todos bajo su control?

Cuando eres madre o padre de una hija o un hijo que ya nació bajo los efectos de la tecnología, procuras analizar su uso y establecer límites para que no se salga de nuestras manos. Entendemos, especialmente, que para muchos chicos hoy hacer el ridículo deja de importar si aquello está “de moda” en TikTok.

La generación Alfa y la generación Z utilizan las redes sociales en una etapa de profunda transformación emocional y cerebral. Muchas veces buscan allí respuestas sobre cómo sentirse, cómo expresarse y, sobre todo, cómo pertenecer. Aquello que observan repetidamente puede terminar percibiéndose como normal e incluso digno de ser imitado.

Si ingresamos a TikTok y a otras redes sociales utilizadas mayormente por jóvenes, encontramos trends incomprensibles: repetir un patrón, una coreografía, un audio o una conducta innumerables veces, muchas veces sin detenerse a pensar en sus consecuencias.

“Farmear aura” es una expresión nacida en internet. Combina “farmear”, término propio de los videojuegos que significa repetir acciones para acumular puntos o recursos, con “aura”, entendida como la presencia, el carisma, el estilo o la seguridad que proyecta una persona. En teoría, “farmear aura” sería realizar actos con actitud para ganar admiración frente a los demás.

Pero ¿qué sucede cuando este término se convierte en una competencia en la que, mientras más extravagante o absurda sea una actuación, mayores son los aplausos, comentarios y likes?

La repetición masiva de coreografías, audios y retos no es necesariamente solo una falta de originalidad. También puede revelar algo mucho más profundo: nuestra necesidad humana de pertenecer, ser vistos y recibir aprobación.

La adolescencia es una etapa de remodelación cerebral. La corteza prefrontal, relacionada con el control de impulsos y la toma de decisiones, continúa madurando, mientras la emoción, la recompensa y la aceptación social tienen una enorme influencia. En este contexto, un like, un comentario o una visualización pueden convertirse en pequeñas dosis de validación que incentivan determinadas conductas.

Replicar un trend que ya funciona ofrece una ruta conocida: alguien más lo hizo, recibió aprobación y ahora otros pueden repetirlo. El riesgo parece menor y la recompensa social, inmediata.

No se trata únicamente de bailar, repetir un audio o hacer el ridículo frente a una cámara. Se trata de preguntarnos por qué necesitamos hacerlo y por qué necesitamos que miles de desconocidos nos digan que lo hicimos bien.

Pertenecer siempre ha sido una necesidad humana. El problema aparece cuando, para pertenecer, comenzamos a renunciar a nuestra individualidad.

Quizá “farmear aura” no sea solamente acumular likes o admiración. Quizá también estemos acumulando patrones de comportamiento que alguien más diseñó para nosotros y no sabemos aún a cambio de qué.

Mientras nuestros hijos aprenden a “farmear aura” para ser vistos, deberíamos enseñarles algo mucho más difícil: a no necesitar ser vistos todo el tiempo, ni por todo el mundo.

Porque una sociedad que consigue que sus jóvenes tengan miedo de no pertenecer puede terminar construyendo generaciones perfectamente uniformadas, pero profundamente solas.

Entonces, ¿qué preferimos como humanidad: enseñarles a nuestros hijos a encajar en el mundo que otros diseñaron para ellos o darles las herramientas para atreverse a diseñar el suyo propio? (O)

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