Elegir bien para construir el Ecuador que queremos

Columnistas, Opinión

Las palabras tienen poder, sí, el poder suficiente para declarar con nuestra voz lo que deseamos que ocurra en nuestras vidas y lograr atraerlo. Aunque a veces suceden cosas que no comprendemos, quizá ocurre porque lo que deseábamos no era lo que realmente necesitábamos para nuestra evolución personal. Sin embargo, si como sociedad afirmáramos con convicción que nuestro país es cada vez más productivo y desarrollado, probablemente estaríamos mucho mejor.

Pero en lugar de decir cosas buenas y entender que también es necesario construir esperanza, usualmente repetimos que en Ecuador todo está mal: que el nivel de vida es pésimo, que la gente vive en conflicto, que todo está caro y es de mala calidad, que la mediocridad se impone junto a la viveza criolla y que no sabemos hacia dónde vamos si seguimos así. ¿No es eso lo que escuchamos todos los días?

Un pueblo dividido, desempleo creciente, miedo social generalizado, incertidumbre permanente, inseguridad en las calles y un riesgo país que sube ante los ojos del mundo. Muchas veces pareciera que no tenemos qué ofrecer a la inversión extranjera debido a la inestabilidad y a la falta de confianza institucional. Ese es, lamentablemente, el reflejo que proyecta el Ecuador en el escenario internacional.

Frente a esta realidad surge una pregunta inevitable: ¿contamos con autoridades verdaderamente visionarias?
¿Qué puede decir el pueblo frente a esta interrogante?
¿Nuestras autoridades representan las verdaderas necesidades de la población sin distinción, trabajando para crear políticas públicas que reduzcan las desigualdades?
¿Comprenden realmente los procesos que deben impulsarse, tanto a nivel nacional como internacional, para lograr un desarrollo sostenible y duradero?

En Ambato, tierra altamente productiva y llena de gente talentosa, aunque muchas veces poco organizada, existen autoridades que intentan pensar desde una visión de futuro. Una visión que busca consolidar un desarrollo sostenible, ese que satisface las necesidades del presente sin comprometer las de las generaciones futuras, tal como lo planteó Gro Harlem Brundtland. Ese enfoque demuestra que sí es posible avanzar cuando existe planificación, responsabilidad y compromiso real con la ciudadanía.

Si tuviéramos más autoridades que trabajen con un verdadero proyecto de país, con ideas claras y con la voluntad de mejorar las condiciones de vida de su gente, muchas alternativas de desarrollo podrían fortalecerse en nuestros territorios de manera más permanente y eficaz. El progreso no llega por casualidad, llega cuando existe preparación, honestidad y capacidad para tomar decisiones pensando en el bien común.

Hoy, cuando el Ecuador se acerca nuevamente a un proceso electoral, la reflexión se vuelve necesaria. No se trata solo de elegir nombres, colores o discursos atractivos. Se trata de decidir qué tipo de país queremos construir para mañana pero aqui y ahora. La ciudadanía tiene en sus manos la responsabilidad de analizar, comparar y votar con conciencia. Elegir sin pensar mantiene los mismos problemas e incluso los aumenta; elegir con criterio abre la puerta al cambio.

Las próximas elecciones no deben ser un acto de costumbre, sino un ejercicio de inteligencia colectiva. El futuro del país no depende únicamente de quienes se postulan, sino también de la madurez de quienes votan. Solo cuando el pueblo decide con responsabilidad, el Ecuador puede avanzar hacia el desarrollo que tanto anhela, ojalá algún día se logre. (O)

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