El scrooge ecuatoriano / Mario Fernando Barona

Columnistas, Opinión

Un clásico de la literatura en estas fechas es “Cuento de Navidad” de Charles Dickens escrita en 1843, cuyo protagonista, el Señor Scrooge, es un hombre amargado, solitario, avaro, odioso y que detesta la Navidad. Un día, a manera de regalo navideño, se le presentan los tres espíritus (fantasmas) de la Navidad que le hacen ver las amarguras de su pasado, las indolencias de su presente y su tormentoso futuro, luego de lo cual el Sr. Scrooge recapacita y se transforma en una persona amable, afectiva y generosa.

Perdón por el spoiler, pero lo verdaderamente trascendente de la obra no está en eso sino en las revelaciones de lo que fue, es y será la vida de Scrooge las cuales fomentaron ese corazón duro y que luego esas mismas fueron las generadoras del cambio; por lo tanto, si no lo ha hecho, le invito a que la lea, realmente vale la pena.

En lo personal, conozco a un individuo al que le calza perfecto el papel de Srcooge ecuatoriano, el expresidente Rafael Correa, un hombre resentido, amargado, mentiroso, solitario, odioso, a quien no le importa hacer daño con tal de salirse con la suya, además, al igual que Scrooge, Correa también recibió su regalo el pasado martes 21 de diciembre a solo días de la Noche Buena, y aunque no fueron los fantasmas de la Navidad, sí fue el espíritu de la libertad de expresión con la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que dictaminó “responsabilidad internacional del Estado de Ecuador por la violación a los derechos a la libertad de expresión, el principio de legalidad y otras vulneraciones en contra del periodista Emilio Palacio y los directivos de diario El Universo”. Como en este, en muchos otros casos Correa obró con malicia, su ego vulnerado expulsó odio; es que con él todo puede ser, menos atacar su egolatría.

La sentencia fue otro duro revés para el Scrooge ecuatoriano, quien aunque ha recibido un sinfín de fantasmas de la Navidad con el propósito de hacerle notar su triste y dolorosa infancia, su resentimiento social mientras fue presidente y el aciago futuro que ahora está padeciendo, creo que este Scrooge no va a cambiar. El milagro obró con el protagonista del cuento porque pese a su odiosa actitud no fue engreído, es decir, sus duras revelaciones no tuvieron el impedimento del orgullo para transformar su corazón. En el caso de Correa, también con revelaciones crueles y desalmadas de su vida, en cambio su narcisismo, pedantería y vanidad son tan descomunales que no va a ceder, seguramente seguirá recibiendo muchos más fantasmas de la Navidad que él continuará negándolos; lo cual me hace creer que un cascarrabias tiene más esperanzas de cambiar que un petulante. ¿Qué piensa usted? (O)

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