El hijo es engendrado no producido / P. Hugo Cisneros

Columnistas, Opinión

Detrás del nacimiento de un hijo, todos sentimos la existencia de toda una historia que se la puede reducir a una sola palabra: entrega. 

Un hijo adquiere valor precisamente porque fue soñado, querido y esperado por dos seres que en un momento histórico de sus vidas formaron hogar. El hijo es un «sueño hecho realidad».

Un sueño lleno de ilusiones, lleno de esperanzas. Un sueño que da sentido, en su realización, a una vida, a una existencia. El hijo es llamado a la vida, es querido por dos corazones. Cuánta espera comparte el advenimiento de un hijo. Una esperanza silenciosa, es una espera llena de alegría. Es una espera que provoca un cambio de comportamiento en sus progenitores que les obliga a «prepararse» a ese gran acontecimiento. 

Engendrar a un hijo exige de los padres un amor grande que desborda y que al compartirlo se traduce en vida nueva y novedosa. Por eso el hijo que nace une, fortalece y da aliento, y se constituye en la felicidad del hogar. Engendrar un hijo llena de satisfacciones a sus padres, pero al mismo tiempo es un desafío hermoso para «saber cumplir con el nuevo ser que nace». Todo este proceso exige un ambiente de profundo amor. Un amor que se despoja de todo egoísmo, que se llena de graves responsabilidades y provoca una relación especial que solamente  se  entiende  en  clave  de  amor.

Producir un hijo es mecanizar el amor y por lo tanto destruirlo. Producir un hijo es convertirlo en un objeto que viene a llenar un vacío, como se llena la sala de aparatos y cuadros.

Proucir un hijo es convertirlo en una materia fría, manejable según los gustos y las circunstancias. El producir un hijo rompe el aspecto humano, entrega íntima de los padres, y se convierte en un ajeno necesario.

Es bueno que los jóvenes que se adentran en un mundo de tácticas y ciencia, se preparen para engendrar los hijos y no caer en la tentación de producirlos por sistemas mecánicos y calculados que ofrece la tecnica y la ciencia. Es necesario que los jóvenes vayan formando su corazón para entregar amor y engendrar vida con responsabilidad. Que la relación chico-chica desde ahora vaya creando la amplitud de la fecundidad. Ser fecundos en los sentimientos, ser fecundos de vida, ser fecundos de amor, fecundos de relación, fecundos en el crecimiento de la integridad de su persona. El hijo es engendrado, no producido. Grave sentencia, inmenso compromiso porque es romper con la producción de hijos en serie, y engendrar los hijos del amor. (O)

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