El Evangelio incomoda al poder

La arremetida de Donald Trump contra León XIV, que venía gestándose de forma menos visible, ha alcanzado su punto más alto. Lo que hoy se observa es, en el fondo, la reacción del poder político-militar frente a una voz que denuncia la guerra desde una dimensión moral.
Trump calificó al Pontífice como débil en materia de seguridad y deficiente en política exterior. Incluso cuestionó su legitimidad, sugiriendo que su condición de estadounidense habría influido en su elección. León XIV, como era previsible, respondió de manera distinta, tanto en la forma como en el fondo: afirmó que no es un político, que no entrará en debates de esa naturaleza y que su misión es proclamar el Evangelio sin miedo.
El desacuerdo no es reciente y tiene varios frentes. En política internacional, mientras Trump y sus aliados apelan a la fuerza, el Papa insiste en la paz como principio irrenunciable y en materia migratoria, defiende la dignidad humana por encima de todo, recordando que no se trata de cifras y normas, sino de personas.
En este contexto enrarecido, el vicepresidente estadounidense JD Vance, católico, echó más leña al fuego al afirmar que el Vaticano debería “limitarse a cuestiones morales”. La insinuación plantea una pregunta inevitable: ¿acaso la guerra no es un problema moral? ¿No lo son también la migración, la pobreza o la dignidad humana?
La tradición cristiana es, desde sus raíces, una voz incómoda frente a la injusticia. Jesús no guardó silencio ante los abusos de su tiempo. Su mensaje no fue neutral y ese compromiso lo condujo a la cruz. Pretender que el Papa se limite a un rol ceremonial o que calle ante el sufrimiento humano es desconocer la esencia del Evangelio.
En medio de ataques, ciudades devastadas y millones de personas desplazadas, insistir en la paz no es debilidad, se trata de una fortaleza ética. León XIV afirma que “el corazón de Dios no está con los malvados, los prepotentes y los soberbios”. Eso no es un discurso político, sino un llamado a la paz.
El poder busca victorias, incluso a costa de la vida de inocentes. La fe no: reclama justicia. El primero mide resultados. La segunda, dignidad. El choque es inevitable. Si la guerra no es un problema moral, ¿qué es? (O)
