El efecto Flynn inverso

El efecto Flynn describe el aumento constante y significativo en las puntuaciones de los test de Coeficiente Intelectual (CI) registrado a lo largo del siglo XX en gran parte del mundo. El investigador James Flynn, junto con estudios de la Universidad de Northwestern, manifestaron que las generaciones recientes obtenían mejores resultados que las pasadas en las mismas pruebas. Sin embargo, este informe ha revelado que el CI, que venía incrementándose entre tres y cinco puntos por década desde 1932, ha comenzado a decaer. Un estudio realizado entre los años 2006 y 2018 evidencia esta baja notable en algunos marcadores.
En concreto, hubo un descenso significativo en tres de las cuatro áreas cognitivas evaluadas: el razonamiento verbal (lógica y vocabulario), el razonamiento matricial (resolución de problemas visuales y analogías) y las series de letras y números (habilidades computacionales y matemáticas). En cambio, los resultados relativos a las habilidades de rotación 3D (razonamiento espacial) aumentaron desde el 2011 hasta el 2018, según los resultados de esta investigación, publicados recientemente en la revista de psicología Intelligence.
A este fenómeno se le conoce como el «efecto Flynn inverso» o negativo, y se define como el descenso sostenido en las puntuaciones de los test de CI registrado en varios países desarrollados desde la década de 1990. Este hecho rompe con casi un siglo de crecimiento continuo en la inteligencia medible de las poblaciones.
Entre las posibles causas de este declive se identifican las siguientes: Cambios en los sistemas de estudio: La enseñanza actual pone menor énfasis en el pensamiento analítico profundo y prioriza la estandarización curricular. Exceso de pantallas: El uso hiperfrecuente de redes sociales y el consumo rápido de información fragmentada afectan la atención sostenida. Externalización mental: Existe una dependencia excesiva de la tecnología y de las herramientas automatizadas para resolver problemas cotidianos. Hábitos de salud: Las alteraciones en los patrones de sueño y las dietas basadas en ultraprocesados generan cambios nutricionales perjudiciales. Inteligencia artificial: En la última década, el uso de la IA se ha relacionado con la atrofia del pensamiento básico, lo que crea una brecha con el pensamiento crítico.
El neurocientífico y educador Jared Cooney ha investigado y expuesto activamente cómo el uso excesivo de pantallas y la tecnología digital en las aulas afectan negativamente el desarrollo cognitivo. Cooney advirtió que la Generación Z es la primera en mostrar un descenso en estos indicadores en comparación con sus padres a la misma edad. No obstante, los expertos señalan que esto no significa que los jóvenes sean menos inteligentes en un sentido absoluto; más bien, refleja una pérdida de habilidades académicas tradicionales y un cambio en la forma de procesar la información, no una falta de capacidad mental.
A pesar de tener un mayor acceso a la educación en la actualidad, surge el interrogante sobre las metodologías aplicadas en el aula. Hoy en día, los profesores deben llevar una cuantificación exhaustiva de los alumnos, lo que se traduce en más exámenes y evaluaciones. Ante esta situación, los estudiantes optan por memorizar para aprobar en lugar de entender en profundidad, ya que la memorización resulta más eficiente para cumplir con los estándares del sistema (Hirsch, 2019). (O)
