El Desafío Eléctrico / Editorial
El Ecuador enfrenta nuevamente la temporada de estiaje con el fantasma de los cortes de luz que tanto daño causaron en años anteriores. El país depende en cerca del ochenta por ciento de la generación hidroeléctrica, cuya producción disminuye drásticamente cuando bajan los caudales de los ríos. Este año, el panorama es preocupante: el caudal del complejo Paute registró en septiembre un nivel muy inferior al del año pasado, lo que anticipa un estiaje severo, agravado además por el fenómeno de El Niño previsto para los próximos meses.
Frente a esta realidad, el Gobierno ha impulsado obras para reforzar la generación termoeléctrica y reducir la dependencia del agua. La reciente incorporación de barcazas de generación y la contratación de nueva potencia son pasos en la dirección correcta, aunque los expertos advierten que aún resultan insuficientes frente a la magnitud del déficit que podría presentarse en el peor escenario. Por ello, es indispensable acelerar la incorporación de nueva energía firme y dar mantenimiento oportuno a la infraestructura existente antes de que el estiaje llegue a su punto más crítico.
Los ambateños conocemos bien lo que significa un apagón: hogares a oscuras, comercios que pierden ventas, industrias paralizadas y una economía que se resiente. Por ello, es fundamental que el Estado mantenga una política energética seria, sostenida y planificada a largo plazo, que diversifique nuestras fuentes con proyectos hidroeléctricos, térmicos y renovables. La soberanía eléctrica no es un lujo, sino una condición indispensable para el desarrollo. Esperamos que los esfuerzos actuales rindan frutos y que este estiaje nos encuentre mejor preparados que en el pasado. (O)
