Efecto placebo en la política /Mario Fernando Barona

Columnistas, Opinión




El origen etimológico del término “placebo” proviene del latín que significa “placer”, y cuando hablamos de placer, se ha comprobado científicamente que el poder de la mente es inconmensurable, es decir, que con el fin de hallar placer, los humanos somos capaces de convencernos de las más grotescas, ruines y descaradas mentiras, sabiendo (o no) de antemano que lo son. Esta es la definición del famoso “efecto placebo”, es decir, cuando por ejemplo, alguien calma su dolor de cabeza únicamente tomando unas pastillas de un color determinado, las que por cierto no tienen ningún efecto terapéutico, pero esa persona se ha convencido que esas y solo esas pastillas son efectivas, lo que en realidad efectivamente ocurre. Las pastillas jamás ejercieron el más mínimo efecto farmacológico en su organismo, quien realmente calmó el dolor fue su mente, dicho de otra forma, la fe que el enfermo puso en esas pastillas.

Y yo diría que esto no ocurre solamente en casos puntuales de dolor físico, sino en todos los escenarios de la vida, incluida la política desde luego. De ahí que en este punto podríamos extraer otra razón para entender científicamente las causas de un comportamiento en ocasiones tan irracional en las masas cuando éstas apoyan electoralmente a líderes populistas que en su momento provocaron desgracia, abuso, hambre y robo a su paso. Es ilógico que cualquiera en sus cabales apoye a gente a la que se le ha probado hasta la saciedad estos y muchos otros atropellos, pero más hace el efecto placebo cuando recuerdan lo bien que hablaba, su locuacidad, su molestia con las injusticias, su habilidad con el verbo y el bien aprendido arte histriónico. Los populistas, hay que decirlo, son verdaderos maestros para crear un efecto placebo en la gente a base de engaños, medias verdades y tretas bien elaboradas.

Aquí hay un contexto compartido, por un lado aquellos políticos corruptos que se auto-convencen que no lo son, y por otro, las masas, que saben muy bien que apoyan a corruptos, pero saben también que no hay nada más fuerte y gratificante que un placer individual – compartido, el efecto placebo en estos casos, es decir, el promovido a los grandes conglomerados, logra anular por completo el sentido común, la razón e incluso la moral; y es que el placer se hace más intenso y grandilocuente cuando se sabe que uno no está solo. (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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