Detención del alcalde Álvarez

La madrugada del 10 de febrero de 2026, Ecuador amaneció con una noticia que sacudió los cimientos de su democracia: la detención del alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, junto a sus hermanos Antonio y Xavier, en el marco del caso «Goleada», acusados de delincuencia organizada, lavado de activos y defraudación tributaria. Este operativo de la Fiscalía no solo expone presuntas irregularidades cometidas por un Alcalde de Guayaquil, sino que proyecta una sombra alargada sobre la imagen del país y su clase política. Esta detención, inédita para un alcalde en funciones de una ciudad tan emblemática como Guayaquil, no es un incidente aislado; es un síntoma de una crisis sistémica que erosiona la credibilidad nacional.
Para la imagen internacional de Ecuador, este escándalo es devastador. En un momento en que el país busca atraer inversiones extranjeras y fortalecer alianzas comerciales, eventos como este refuerzan estereotipos negativos sobre la corrupción arraigada en la política latinoamericana y ecuatoriana. La detención de Álvarez, quien además enfrenta medidas cautelares previas como el uso de grillete electrónico –que, curiosamente, no portaba al momento de su captura–, alimenta narrativas de inestabilidad y debilidad institucional.
En el ámbito de la política ecuatoriana, el impacto es aún más grave. Álvarez, elegido bajo la bandera de la Revolución Ciudadana, representa a una facción política que busca marcar una diferencia con ADN, pero que no logra salir del fango de la corrupción. La podredumbre moral se ha convertido en un elemento medular de la RC. Frente a esto, la confianza de la ciudadanía en la política y las instituciones se profundiza: ¿Por qué votar si los líderes terminan en tribunales? Esta erosión fomenta el populismo y, peor aún, la polarización social.
Más allá de lo inmediato, este episodio resalta la urgencia de reformas estructurales. Si Ecuador aspira a una política madura, debe tratar estos casos no como «cortinas de humo» –como alegan algunos aliados de Álvarez–, sino como oportunidades para depurar el sistema. De lo contrario, la detención de hoy será solo un capítulo más en una saga de descrédito que aleja al país de la prosperidad. La imagen de Ecuador no se recupera con discursos, sino que se reconstruye con acciones concretas contra la impunidad. (O)
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