De un libro que les doy leyendo. 2026

Columnistas, Opinión

Los muchachos se me acercan y me piden “entrevista” sobre alguno de mis libros o de otros autores. Les pregunto si han leído el libro sobre el que me van a entrevistar. Me responden que no conocen el libro. Les regalo los libros y les pido que vuelvan cuando lo hayan leído para que me hagan preguntas después de que sepan su contenido. Se van, a veces vuelven y otras no.

Se me acercan investigadores que están haciendo “consultorías” para instituciones públicas de la ciudad. Me hablan de sus proyectos desde sus ángulos de “expertos” con contratos. Muchos consultores vienen desde Quito o Cuenca y de otras latitudes. En su bibliografía no consta ningún libro sobre los temas que buscan, pero que yo los he publicado. Ponen bibliografía bajada de páginas virtuales que nada tiene que ver con nuestro micro mundo provincial. Resulta que los consultores, cual huaqueros en vez de arqueólogos, extraen mi información bajo promesa de citarme en sus estudios. Me han pedido hace meses (creo hasta llega a seis) que van a buscar mis libros, y me mandan correos, pero nunca concretan.  Pero para eso está el Cronista a quien “huaquean” la información con la que comercian en sus mercados negros a los que se someten y los somete la institución.

Me entrevistan “periodistas” sobre temas que van surgiendo en esta rutina de calendarios festivos en los que vivimos inmersos. Me piden que les “hable” de lo que contiene los libros que les obsequio con mucha ilusión, porque se trata de temas que a veces son de actualización de datos a lo que por lo general se viene repitiendo. Más adelante me doy cuenta de que los libros en manos de muchos comunicadores son letra muerta.

Sabemos que somos un pueblo que no lee y huye de los libros. Tal vez sea interesante darles leyendo temas, que pienso, que deben interesarles. Siempre  los periodistas me preguntan en entrevistas: ¿Qué recomienda a la juventud? Es una pregunta sin sentido. He hablado con profesores jubilados y de entre los que compran libros me han dicho que quieren “literatura de entretenimiento” Yo se que llegaron a la vejez “cansados de pensar”.

Ya terminé de leer La estética del oprimido, de Augusto Boal, un libro de hace 10 años, de un escritor argentino. Les paso algunas pastillas:

“Es mediante la posesión de la Palabra, de la imagen y del sonido como los opresores oprimen, antes de hacerlo por el dinero o por las armas”.

“Sublime es lo bello soberano. Sublime es la Ética, organización suprema del caos. La moral se obedece, la ética se inventa. La moral es lo que es. La ética es lo que se desea que sea”. (p. 45)

“Dijo un filósofo que somos puercoespines gregarios: necesitamos estar juntos, acurrucados, pero al hacerlo, nos pinchamos. Como dijo Píndaro, poeta griego de antaño, el ser humano es una sombra que sueña. ¿Con qué sueña la sombra? Tal vez con quien la proyecta; tal vez con levantarse y andar por cuenta propia. Acaso sueñe con la precariedad de su – de nuestra – existencia. Tal vez sueñe, un día, con tener su propia sombra, ser alguien”. (p. 36)

“¡No basta pensar! La acción es necesaria, o sobreviene la nefasta y mortal melancolía.” (p. 39)

“El monoteísmo tiene la misma finalidad principal que la globalización: la centralización del poder. Las distintas religiones politeístas son más democráticas: nos permiten aliarnos con algunos dioses para defendernos de la ira de otros. Cuando, en cambio, existe apenas un Dios solitario y todopoderoso… que Dios nos asista, ¡estamos solos e indefensos!” p. 39

“No se puede pertenecer a dos culturas, tener dos éticas, dos morales, pero como cada ciudadano vive en una atmósfera multicultural donde entran en conflicto valores, es inevitable el surgimiento de culturas híbridas fundadas en valores diferentes, incluso opuestos: curas guerrilleros son el ejemplo clásico, como médicos asesinos, jueces ladrones, políticos corruptos”. (p. 40)

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