De los faroles y cosas de la luz en Ambato de 1877. / Pedro Reino Garcés

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De los faroles y cosas de la luz en Ambato de 1877. / Pedro Reino Garcés

Retrocedamos al Ambato de 1877, una población más bien desordenada y con un concepto de higiene e iluminación muy precarios. Según actas municipales de la época, las que me sirven de soporte para estas afirmaciones,  uno de los problemas que discutían en el seno de la corporación edilicia era la presencia de cerdos en las calles. Los puercos deambulaban como ahora lo hacen los perros callejeros. Los puercos recorrían osando las calles de tierra y buscando desperdicios. Tenían sus “dueños” que los identificaban y los recaudaban cuando era menester. La villa (para no decir ciudad) se limpiaba más por vía de acequias que bordeaban ciertas calles, que por servicio de canalizaciones. En cuanto al alumbrado público, las noticias tienen que ver con los faroles que se colocaban en ciertos postes. Se prendían cuando se iba la luz del sol, y se apagaban a eso de las 10 de la noche. Era un privilegio vivir en una calle con faroles. Lo dicen las actas municipales.

Según acta de sesión municipal de 20 de Enero de 1877, “concurrieron los señores Moscoso, Presidente; Naranjo, Dr. Cobo, y los suplentes Dr. Saá, González y Moscoso,…luego el señor tesorero municipal, a la voz pidió que la I. Corporación declare si los moradores o dueños de las tiendas o casas de la plaza quedan esentas (exentas) de los 4 reales impuestos para el alumbrado público, poniendo ellos alumbrado en la tienda o casa que les pertenezca.

Se declaró que todos estaban obligados a esa contribución impuesta por una ordenanza municipal en la que no se encuentran excluidos los que quieren poner  o pongan alumbrado.- Con esto y por no haber otra cosa de qué ocuparse se levantó la sesión.- f) El Presidente Francisco Moscoso. F) El Secretario Camilo Martínez.” (Archivo Nacional, Seccional de Tungurahua, Fondo Municipio de Ambato).

¿De cuál plaza están hablando? Pues de la 10 de Agosto que ahora es el parque Cevallos. Era un mercado muy concurrido, todavía, para le época,  sin la edificación del colegio Bolívar.  Su entorno tenía lotes sin cerrar con los consabidos tapiales. Casas más bien bajas de bahareque con tejados y otras combinadas con techumbres de paja, según se deduce de las escrituras, aportan al conocimiento de la imagen urbana. 

Sucede que este año de 1878, la I. Municipalidad de Ambato está con un compromiso  muy importante, por cuanto se había decidido que sea en esta población o ciudad, que se lleve a cabo un encuentro político de esos a los que nos han acostumbrado cuando tienen que hacernos catecismos para ser buenos y obedientes de sus leyes. Se trataba de la Novena Convención Nacional: “Novena Convención, en Ambato (enero 26-mayo 31) Presidente, General JOSÉ MARÍA URVINA, Vicepresidente Dr. Julio Castro, secretarios: Sr. José Gómez Carbo, Dres. A. Enrique de Arcos y don AGUSTÍN NIETO”.

Según el acta municipal de 15 de enero “Abierta con los señores Dr. Ruiz, Albornoz, Naranjo, Dr. Emilio Colina, y Moscoso, principales, y el suplente Dr. Saá. Presidió el Dr. Ruiz por enfermedad del Dr. Cobo y estar el propietario despachando la Gobernación. Fue leída y aprobada el acta de las sesión anterior.

Luego el señor Moscoso preguntó por los faroles que faltaban en la plaza para el alumbrado público, pues se quejaban de esa falta los contribuyentes = El señor Teniente Parroquial dijo que el señor Ortega había llevado cuatro faroles cuando marchó con la dirección a Quito. Con este informe y a petición del Sr. Moscoso dispuso el I. Consejo que el tesorero mande a hacer tres faroles en el acto a fin de que para la quincena  que hay que poner el alumbrado  estén completos los 20 faroles, para lo que se votaron siete pesos 4 reales, y se ordenó comunicarse esta resolución.”

Hemos tomado una estampa de la plaza con 20 faroles, seguramente cinco a cada costado de sus calles. La deducción a la que llegamos es que cada farol costaba alrededor de un peso. (O)

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