Confianza y experiencia

¿Recuerda los primeros días en que aprendió a conducir un vehículo? o, si no sabe o no lo recuerda, seguro ha visto a alguien en tales faenas: Ojos abiertos como platos; mirada fija a todos los frentes; volante pegado al pecho (en casos excepcionales… espero); respiración desarmonizada (en luz roja pausada, previo al verde agitada); radio apagada para mejor concentración; sigue al pie de la letra las recomendaciones del maestro y señales de tránsito; manos sudorosas y sin embargo bien fijas en el volante; y, si se viera envuelto en un accidente daría por hecho que fue su responsabilidad.
Aquel novato, consciente de su falta de experiencia, está poniendo su mayor empeño en salir bien librado, tiene sus cinco sentidos (y más) afilados en la tarea, de forma que, si ocurriese algún accidente seguro ha de deberse a la falta de pericia más no a la de previsión.
Vamos al presente. Después de muchos años, ya convertido en un “experto conductor” ¿Cómo lo hace hoy en día?, a lo mejor no es su caso, pero, seguro ha visto a alguien: Ojos entreabiertos; mirada fija en el celular; la distancia entre el conductor y el volante es proporcional a la confianza en sí mismo; respiración pausada (a menos que escuche Bad Bunny a todo volumen) entonces se vuelve disonante y estridente; respetar las señales de tránsito le parece inoficioso y aburrido; las manos golpetean el volante al ritmo de la canción de moda; insulta en cada esquina a peatones y otros conductores; y, si se viera envuelto en un accidente, da por hecho que la culpa fue del otro.
Este experimentado conductor, colmado de exceso de confianza, ya no pone el mismo empeño que al principio para prevenir un accidente, muy pocos de sus cinco sentidos (si no es que ninguno) están atentos al oficio, de forma que, si ocurriese un accidente (lo cual es bastante probable) seguro se ha debido a la falta de pericia, falta de previsión y, sobre todo, al exceso de confianza.
Quién lo diría, casi siempre damos por sentado que alguien con experiencia hace un mejor trabajo que un inexperto, por obvias razones, pero no siempre es así, a veces, el exceso de confianza es mil veces más peligroso que la falta de experiencia. Por eso es preferible siempre, y más cuando ya hay recorrido, actuar con previsión porque el exceso de confianza es sinónimo de irresponsabilidad.
En la vida, muchas de las cosas que nos preocupan -y que hacen que nos agarremos muy fuerte al volante- no ocurrirán jamás. De ahí que la experiencia debería expresarse en la forma de conducir -tanto el auto como la vida- con la misma precaución y cuidado que en sus inicios, aunque ahora, ciertamente, menos estresados.
Recuerde: en la carretera y en el día a día siempre van a haber imprevistos, y una conducción responsable nos prepararía para el impacto. (O)
