Conducta delincuencial / Dr. Guillermo Bastidas Tello

Columnistas, Opinión

Se dice que una persona es un delincuente cuando cometió un delito, o sea, un acto antijurídico que el Derecho o sistema legal de un Estado califica como tal, y sanciona con una pena.

Para que exista delito se requiere que el Código Penal respectivo haya descrito la conducta punible y que el hecho cometido se ajuste exactamente a la figura legal. 

La ley ya debe estar dictada al momento de cometerse el acto antijurídico, pues las leyes penales no se aplican a hechos cometidos antes de su vigencia (son irretroactivas). Además, se necesita para que se configure la calidad de delincuente, que haya una sentencia que lo condene como tal, luego de un debido proceso, pues antes de la sentencia el procesado goza de la garantía de su presunción de inocencia.

Todo acto delincuencial se caracteriza por ser una conducta irracional.

La delincuencia es un acto irracional e incomprensible, puesto que el ser humano con su libertad y capacidad de decidir no supo elegir el camino que respeta las normas sociales.

En los diarios y noticieros nacionales cotidianamente aparecen noticias sobre los efectos y la

capacidad siniestra y fatal del ser humano; el niño que fue secuestrado y posteriormente asesinado por su propio padre, los niños que fueron golpeados hasta ser asesinados por parte de la pareja de su madre; por último, el niño desaparecido para tráfico de órganos.

Situaciones lamentables y vergonzosas para el pueblo ecuatoriano, las cuales han conmovido a la opinión pública y justifican la iniciativa popular de tomarse lamentablemente la justicia por sus propias manos. 

Con la ley y el crimen se enfrenta el ser humano, y si hay alguna posibilidad de referencia a la humanidad desde el psicoanálisis, ella se establece por el lazo de un sujeto con el límite que la ley de interdicción le impone. Allí se separa el individuo del hombre; lo humano en Freud y Lacan está delimitado por ese lazo social que liga al sujeto con el Otro, y es una humanidad del uno por uno, nunca la Humanidad. 

Desde el psicoanálisis es sabido que la única forma posible que tiene el ser humano para existir en lo psicológico y lo cultural es la de asumir la prohibición, interdicción, el control y la norma. El ser humano para ser realmente homo saphiens debe someterse al Otro y su cultura, en un proceso de alienación que se inicia en la relación imaginaria de completar con el otro.

El ser humano, para el psicoanálisis, es un ser alienado, perturbado e influido por la estructura social; tal alienación se da por efecto de la doble prohibición que debe asumir toda persona: una a nivel individual (psicológica), y otra a nivel social (cultural). En ese sentido, en psicoanálisis no se habla ni de individuo ni de persona sino de sujeto, haciendo referencia a estar sujetado a Otro que es la norma cultural.

Asumir la norma o la ley, es la única posibilidad que tiene el sujeto o individuo para sobrevivir psíquica y culturalmente; en esa medida, el sujeto es un ser alienado a una prohibición que le antecede y le sigue por disposición social.

La forma como cada sujeto asume la norma y la ley es particular, no es igual en todos, es diferente y propia:  Unos asumen la ley de manera dolorosa y son los neuróticos; otros la reconocen para violarla y son los perversos y hay quienes la forcluyen, la niegan y se conservan por fuera de ella, estos son los psicóticos y psicopáticos.

En cualquiera de estas tres estructuras se ubican todos los infractores, caballeros delincuentes y delincuentes que se encuentran pagando una condena en la cárcel o se fugaron de la Ley por habérseles comprobado que infringieron una norma culturalmente establecida o cometieron un delito. Allí, en esas estructuras, también están ubicados los no delincuentes, las personas que no han sido condenadas por el sistema judicial de una sociedad. (O)

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