Compases de la ciudad / Luis Fernando Torres

Columnistas, Opinión

El tumulto en los espacios públicos, con gente aglomerada, divirtiéndose y moviéndose de un lugar a otro, fue una de las notas características de los recientes carnavales ambateños, luego de dos años con los ciudadanos lejos de los espectáculos, por los rigores de la pandemia. Ambato se transformó. En los eventos en los que antes había un moderado número de espectadores, este año estuvieron prácticamente llenos de gente. La ciudad cambió su ritmo habitual durante, al menos, dos días, el domingo y el lunes.

El célebre espía, Tomás Nevinson, de la última novela de Javier Marías, se sorprende que en la ciudad a la que se le envió para que cumpliera la misión de liquidar a una mujer vinculada al terrorismo español e irlandés, la dinámica urbana fuera tan predecible que fácilmente se podía cuantificar el número de personas que cruzaban el puente de Ruán y que se saludaban con una venia o estrechándose las manos. Como agente del MI5 y funcionario de la embajada británica en Madrid, no había cumplido misiones en ciudades intermedias, como Ruán, y, por ello, sentía que le resultaba extraño operar entre tanto ciudadano conocido.

Los compases de esa ciudad novelesca se modificaban cuando llegaba el sábado, sobre todo, por la noche. La lentitud urbana se transformaba en una ensordecedora velocidad. Los ríos de gente por las calzadas eran torrentes del anonimato ciudadano. En esa vorágine de fin de semana trabajaban, sin la posibilidad de ser descubiertos, desde los vendedores de droga hasta los extorsionadores. Nevinson desplegaba su potencial en esas condiciones urbanas diferentes.

La algarabía de la fiesta ambateña fue el espacio para nuevas formas de vida urbana. En medio del tumulto, el ruido, la diversión y el espectáculo, se desarrollaron inimaginables actitudes humanas, muchas de ellas provocadoras de inseguridad y frustración entre los habitantes habituados a la tranquilidad y el orden. 

La película Batman, estrenándose actualmente, es útil para comprender cómo terminan las ciudades, a las que las mafias les roban el alma y la integridad, y la seguridad se convierte en privilegio de pocos y no en derecho de todos. 

Ambato es una ciudad intermedia, con su ritmo y sus compases. La Fiesta de las Flores y de las Frutas puso a prueba su estructura ciudadana. Una ciudad siempre debe someterse a pruebas y pasarlas con buenas calificaciones. 

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