Celebraciones del solsticio de verano invierno / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión



Cada 21 de junio debido a la inclinación de la órbita del planeta respecto al sol, se produce el día más largo del año, pues desde las 4h00 empiezan a salir los primeros rayos y también se recibe durante más horas la luz solar.

Es el llamado solsticio de verano pues en el hemisferio norte termina la primavera y comienza el verano, en tanto que en el hemisferio sur termina el otoño y comienza el invierno.  Coincide también con la aparición en el cielo de la constelación de las Pléyades.

La Tierra ha alcanzado su máxima inclinación sobre su eje aproximadamente a 23° 27′ y en este momento del año está al lado opuesto del sol y por ello hay más luz solar bañando al hemisferio norte y menos al hemisferio sur.

Ha llegado al punto conocido como «sol estático» pues por un breve periodo de tiempo, el astro rey se queda aparentemente quieto en el firmamento terrestre e incluso pareciera que retrograda o regresa en su carrera diaria. En todo caso no es más que un interesante efecto óptico.

Sin embargo, históricamente no ha dejado de ser un fenómeno de enorme importancia, pues a lo largo de todas las épocas este momento ha sido considerado como agente de cambio no sólo en las estaciones, sino en una especie de detonante de cambios en la mentalidad de las personas, cambiando el huso horario en diversas culturas, estableciendo calendarios y generando momentos de reflexión para otras.

Nuestros pueblos aborígenes celebran el Inti Raymi, aquella fiesta ancestral indígena en la que se tributa al Sol (Inti) y a la madre tierra por la vida, por los alimentos recibidos. De alguna manera se asemeja a la celebración del 31 de diciembre de los cristianos.

Se trata de un ritual casi privado de cada pueblo en el que se muestran las tradiciones de los cabildos haciendo ofrendas a la madre tierra y haciendo hincapié en el despertar espiritual, que suele iniciarse a las 3:00 a.m. y terminar tres horas después.

Ofrendas también al Tayta Inti por propiciar la continuidad y renovación de la vida, para que sus rayos sigan brillando y aseguren buenas cosechas y salud para todos los seres vivientes. Como en todas las ceremonias, el hombre cumple el rol de unir el cielo con la tierra. Los Chamanes cruzan descalzos brazas de fuego, como expresión del dominio del espíritu sobre la materia, compartiendo un licor natural que les permite superar inhibiciones.

En fin, son celebraciones que recuerda los ciclos naturales, los ritmos cósmicos y la renovación de energías, pues las culturas agrícolas observaron que la vida renacía después del invierno; que las plantas florecían en primavera y fructificaban en verano; que el sol daba su calor y su energía a todas las formas vivientes.

Es así como para los pueblos originarios, es el momento en que los ciclos del universo, recargan la energía para iniciar renovados el nuevo tiempo.

CC No. 170646122-3

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