Celebración de misas sin aglomeraciones

Ciudad
Bernardino Núñez, vicario general de la Diócesis de Ambato, invitó a las familias a tener fe y confianza en Dios y siempre orar.   (Foto El Heraldo)

La Conferencia Episcopal Ecuatoriana ante la emergencia del coronavirus dio a conocer que las celebraciones de las misas serán sin aglomeraciones y se deberá acatar las disposiciones sanitarias emitidas por las autoridades competentes.

Se espera que los feligreses oren al Señor de la vida por los trabajadores de la salud para que continúen en su tarea de investigación y tratamiento del coronavirus, que ya ha afectado a muchas personas. Del mismo modo, orar por las personas y familias que sufren esta enfermedad para que conserven la paz y la esperanza mientras siguen el procedimiento adecuado.

Participar en las eucaristías y en los actos de piedad (como adoración al Santísimo, viacrucis, rezo del Rosario), evitando las aglomeraciones, siendo opcional el rito del intercambio de la paz en la misa, que se omita mientras dure la emergencia sanitaria. 

Los sacerdotes durante los Sacramentos de la Reconciliación y Unción de los Enfermos deben usar las mascarillas, y de igual manera guardar todas las precauciones que recomiendan las autoridades de salud. 

Celebrar las procesiones principales de la Semana Santa, como las del Domingo de Ramos y del Viernes Santo en espacios abiertos (calles y plazas), que podrían ser retransmitidas por la radio y la televisión. 

Suspender las actividades masivas como jornadas, congresos, encuentros, caminatas, festivales, especialmente en espacios cerrados (coliseos o auditorios).

Realizar los programas por la vida utilizando los medios de comunicación televisivos, radiales y redes sociales. Los festivales y caminatas por la vida se aplazan hasta una fecha oportuna. 

A los fieles que presenten cuadros de afección respiratoria u otros síntomas, abstenerse de asistir a las celebraciones litúrgicas. Con esto, no faltan al precepto de participar en las celebraciones dominicales y festivas. 

Se hace el llamado a evitar el pánico, y como deber cristiano brindar apoyo y asistencia espiritual a los afectados de esta enfermedad hasta su total restablecimiento. (I)

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