Carnaval Colegial / Washington Montaño

Columnistas, Opinión


Este día lunes y martes, los estudiantes de varios colegios de la ciudad, varones y mujeres, utilizaban la pileta del parque Sucre para mojarse unos a otros, sin importar quién era, ni de qué colegio, ni de donde le agarraban, o si estaba con mochila, igual le botaban a la pileta; unos se enojaban, otros aceptaban alegres la situación y salían mojaditos al césped a escurrir, temblando, su ropa. Estilando, en semejante frío, tiritando subían por la Quiz Quiz. Como siempre hay ojos acuciosos que todo lo ven, decían: para lo malo si son buenos, guambras vagos, vayan a estudiar les gritaban.   

El reloj marca la una y veinte de la tarde; los grupos de estudiantes, abrazados por el frío y por el oportuno enamorado, llegaban al parque Juan Benigno Vela, y como ya habrán deducido, era para aprovechar la piscina y continuar con este imprevisto carnaval colegial. Tanto chicos y chicas, como que se habían citado en ese parque, se veían una avenida multicolor por la presencia de los estudiantes vistiendo los uniformes de varios colegios fiscales, particulares, religiosos. La esquina de la avenida Quiz Quiz, en confluencia con la calle Paccha, prácticamente fue bloqueada por los estudiantes; automóviles, buses, las personas, tenían inconvenientes para transitar; y, pobre de ti si te atreves a pitar y solicitar el paso, ¡qué vocabulario de los jóvenes!

Seguramente y para evitar que del juego juvenil pase a situaciones mayores, por la imprevista y latente rivalidad que suele aflorar entre los estudiantes de estos colegios, la policía cerró las puertas de acceso al parque y solucionado, según ellos el asunto. Pero los jóvenes seguían allí y ya asomaban por allá pintarrajeados y llenos de polvo; las carreras del cógeme si puedes inicia, se persiguen, se insultan como si nada, las chicas gritan escandalosamente, salen a la avenida de forma imprudente, sorteando peligrosamente los vehículos que pugnan por pasar. Otros más avezados, aprovechan para demostrarse el amor que se tienen, allí, libremente, en plena calle con caricias que se pasan de atrevidas.

Y la tarde sigue, fría como amaneció y para los mojados, debe haber estado helada. Y ni un policía en moto, ni un agente de tránsito, uno que otro padre asoma por allí, para llevarse a su bendición a la casa. Los amigos y amigas se le burlan vociferando que es el “guaguito del papi”, este responde con un ademán grosero con los dedos en la mismísima cara del “Papi”.  ¿Cuántos de ellos se enfermarán? y los padres ni sabrán las causas porque cuando lleguen a sus casas, con la ropa ya media seca por el calor corporal, los padres ni averiguarán de la hora a la que se asoman, peor darse cuenta que están mojados. Libertad te amamos.

¿Y las autoridades educativas se habrán enterado de este desastre social que cometen los estudiantes?, con seguridad SI, con mayúsculas, porque se repite cada año, pero va en aumento el descontrol, los desmanes que causan en el parque y las situaciones de peligro a las que se expone. Zonal, distritales, deces udais, rectores, profesores, padres tiene enorme responsabilidad y bien les dijo el señor de la tienda de la esquina del parque, utilizando el único vocabulario que si entendieron, en la parte final: esta educación que tenemos es para vagos.  (O)

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