Capitalismo, el mejor invento de la humanidad

Vivimos en una época paradójica. Millones de personas trabajan todos los días, reciben un salario y, sin embargo, muchos apenas llegan a fin de mes. Tienen deudas, pocos ahorros y prácticamente ninguna inversión.
En Ecuador esta realidad es evidente: mientras miles de familias recurren constantemente al crédito para financiar su consumo, para 2025 apenas alrededor del 6,5 % de los adultos tenía un negocio establecido en el que ha invertido. Esto ejemplifica una sociedad acostumbrada a endeudarse y consumir, pero con mayores dificultades para ahorrar, invertir y construir patrimonio.
Una parte del problema está en la economía. Los bajos salarios, la informalidad y la falta de empleo adecuado limitan las posibilidades de millones de personas.
Pero el principal problema radica en el mal manejo del dinero y en que hemos confundido capitalismo con consumismo. Pensamos que progresar significa tener un automóvil más costoso, cambiar constantemente de celular, viajar o comprar bienes a crédito. Pero la verdadera esencia del capitalismo no es consumir cada vez más, sino ahorrar, invertir y producir.
Durante décadas, la izquierda y las corrientes progresistas han presentado al capitalismo principalmente como un mal y han señalado sus defectos: desigualdad, concentración de riqueza, precariedad laboral y depredación de los recursos naturales. Sin embargo, no debemos olvidar que ningún modelo ha generado tanto progreso, desarrollo y riqueza ni ha ampliado tanto las posibilidades de las personas para producir, innovar, emprender y construir patrimonio.
Amazon, una de las empresas más grandes del mundo, empezó con Jeff Bezos vendiendo libros por internet desde el garaje de una casa. Jack Ma, fundador de Alibaba, creció en una familia humilde y fue rechazado de decenas de trabajos antes de iniciar su empresa. Larry Ellison, quien fundó Oracle y hoy es una de las personas más ricas del planeta, fue criado por sus tíos adoptivos en un pequeño apartamento y tuvo que abandonar la universidad.
Los gobiernos, las instituciones y el resto de las personas pueden generar mejores condiciones, pero no pueden construir nuestro futuro por nosotros. Progresar depende también de nuestra voluntad y carácter para educarnos, adquirir habilidades valoradas en el mercado, administrar correctamente nuestros ingresos, ahorrar y emprender.
No importa cuán pequeños sean inicialmente nuestros ingresos: la acumulación constante de capital puede convertirse, con el tiempo, en pequeñas inversiones que generen nuevos ingresos y mejoren nuestras finanzas. Esta es la esencia del capitalismo que debemos aprovechar: ahorrar, invertir, producir y volver a invertir, generando beneficios para la sociedad mediante nuestro propio esfuerzo y la búsqueda de una vida mejor. (O)
